por Neme Bustillo Bowie
Lo que debería ser uno de los lugares más agradables de San Andrés, un paseo frente al mar, con una vista privilegiada, de palmeras, arena blanca y hermosas playas, se ha convertido en un lugar que genera indignación, malestar, protesta y a veces miedo. Lo que debería ser una de las mejores vistas del mundo es hoy un desorden que afecta el turismo. Se está matando la gallina de los huevo de oro.
Y lo peor es que nada se hace. En la isla es claro que no hay un gobierno funcional sino una máquina gubernamental de extracción de recursos públicos para pasarlas a manos privadas. Pero los gremios y la sociedad civil pueden hacer algo. ¿Por qué no lo hacen? ¿Hemos llegado al punto de aceptar que la degradación de nuestros espacios públicos es aceptable y normal o de que el turismo que mantiene vive a la isla y genera la mayoría de empleos y ganancias no merece una experiencia agradable y debe pagar para tolerar el desorden y la fealdad y no disfrutar la isla?
La peatonal es el sitio que todo turista que visita obligatoriamente camina, pero ha se ha convertido en un feo y desagradable espacio de desorden, de vendedores de tragos y drogas, de alquiler de parlantes, mulitasy patinetas, de vendedores chanchas y zapatillas, de venta de tours turísticos
El ruido ensordecedor de los parlantes y el olor a marihuana distrae de poder disfrutar del hermoso paisaje. Al igual tener que esquivar las motos transitando como si fuese una avenida. Cualquiera ocupa un espacio y desarrolla su actividad sin orden, sin control, sin respetar las normas.
Muchas de las cosas que hacemos en San Andrés, en lugar de embellecer y cuidar la isla, terminan degradando el paisaje, deteriorando lo que debería ser hermoso, contaminando visualmente el entorno, tugurizando, degradando, convirtiendo espacios atractivos en lugares deteriorados y desagradables.
Y entonces surgen las preguntas de siempre:
¿Dónde está la autoridad?
¿Dónde está la Gobernación?
¿Dónde están las Secretarías?
¿Dónde están los diputados haciendo control político? Para eso los elegimos.
¿Dónde está la Policía?
¿Dónde está la aplicación del Código Nacional de Seguridad y Convivencia?
La negligencia administrativa resulta tan evidente que hasta el mínimo esfuerzo por ordenar, controlar y hacer cumplir las normas parece brillar por su ausencia.
Nuestra peatonal debería invitar a caminar, sentarse, conversar, disfrutar del mar y pasar un rato agradable en familia. Pero hoy ocurre, en muchos casos, todo lo contrario. La peatonal terminó pareciéndose más a un mercado ambulante que a un espacio turístico de una isla que vive del turismo.
Y aquí hay algo que debemos decir con claridad: que una persona necesite trabajar es completamente legítimo. Pero la necesidad de trabajar no significa que todo esté permitido. Se puede emprender, se puede crear empresa, se puede vender y se puede generar empleo. Pero debe hacerse dentro de la legalidad, respetando el espacio público, el paisaje, la convivencia y los derechos de los demás. Por eso el gobierno debería poner orden pero al mismo tiempo permitir los emprendimientos. Pero sobre todo mejorar la apariencia física del sitio.
No podemos promover emprendimientos desde la ilegalidad para después pretender formalizar aquello que nació incumpliendo la ley y las normas. Se emprende desde la legalidad. Porque si aceptamos que, con la excusa de que ‘están trabajando’, todo vale, terminaremos destruyendo precisamente aquello que hace valiosa a nuestra isla.
Esto, y la muy desagradable experiencia de pasar por el peor aeropuerto del país y tal vez de América Latina, es lo que el turista ve, es s la imagen que queda grabada en su memoria y la que se lleva de San Andrés. Cuando regresa a su lugar de origen, esa es la imagen que contará, compartirá y transmitirá a otras personas. El turista se lleva lo que vio y lo que vivió.
Y hoy, lamentablemente, estamos permitiendo que esa imagen hable mal de nuestra isla, de nuestras playas y de nuestra incapacidad para cuidar lo que queda de lo que un día fue un paraíso.
¿Qué podemos hacer?
Propongo unir la academia y los gremios, cuyo silencio es nauseabundo y bordea en la complicidad, con las necesidades reales de la isla y de nuestros emprendedores.
El SENA, la Universidad IUSAI, el Colegio de Ingenieros, el Colegio de Abogados de San Andrés, COTELCO, la Cámara de Comercio, Planeación, la Gobernación, profesionales independientes y voluntarios, entre otros, podrían unir esfuerzos para asesorar a quienes quieren emprender.
El objetivo debería ser ayudarlos en la formulación de proyectos, estudios de viabilidad, procesos de formalización e implementación de iniciativas productivas, pero siempre desde la legalidad y el respeto por el espacio público, el medio ambiente, el paisaje y la convivencia.
No se trata de impedir que la gente trabaje. Se trata de lograr que pueda trabajar, emprender y generar ingresos sin destruir aquello que todos necesitamos conservar: nuestra isla

























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