En los tres últimos años han fallecido tres mujeres en accidentes en el mar. Foto ilustración tomada de Internet
El problema de la accidentalidad náutica en San Andrés que tiene un amplio corredor marítimo donde interactuan bañistas, buzos, pescadores y espontáneos, y por donde navegan lanchas, yates, botes, barcos y motos náuticas, es más cotidiano de lo que se cree, ha generado consecuencias devastadoras para muchas familias y son las mujeres las que han llevado la peor parte ya que en los tres últimos años han muerto tres, una de ellas en estado de embarazo, la otra con apenas quince años y la más reciente con amputación de extremidades, y al cierre de esta edición una turista americana se debate entre la vida y la muerte al ser arrollada por una lancha de pesca artesanal en Santa Catalina.
No se trata de un problema ocasional o circunstancial, se trata de una situación crónica que viene ocurriendo año tras año y que las autoridades como la Dimar no le han puesto controles eficaces a las mismas y más bien actúa a manera de reacción coyuntural según la ocurrencia de los hechos.
Desde el 5 de enero de 2012 cuando se presentó la peor tragedia marítima en las islas desde la época de las goletas hundidas por submarinos nazis en la segunda guerra mundial cuando decenas de sanandresanos murieron en el mar, se han venido presentando una seguidilla de episodios que han cobrado impoprtantes vidas humanas, y en algunos episodios con más suerte, han resultado personas lesionadas.
Solo la tragedia del Miss Isabel dejó cuatro víctimas fatales, producto de la negligencia de las autoridades que no reaccionaron a tiempo a pesar del llamado oportuno de pobladores que pidieron ayuda para los tripulantes de la nave que había zarpado a Providencia, razón por la que se condenó a la Nación al pago de 817 millones de pesos de indemnización.
Lo cierto es que en el mar parece existir anarquía por falta de eficaces controles para los infractores, en tanto que a los operadores organizados se le extreman las medidas de control y prohibición. Lancheros que abusan de la velocidad bajo los efectos del licor, usuarios de motos náuticas que por imprudencia o falta de instrucción de adentran a mar abierto o invaden las zonas de bañistas, etc.
En julio de 2015 el entonces secretario de Turismo Richard Francis advirtió que se requería extremar las medidas de seguridad en el trasporte de pasajeros en lanchas, para evitar episodios como la muerte una quinceañera que hacía el tour de la mantarraya en un bajo de arena, ya que una fuerte ola la sacó mar adentro y la ahogó, y luego la reiteró cuando una mujer fue impactada en el choque de una lancha con un pontón. Entonces recordó que la Secretaria de Turismo con la Defensa Civil realizó una capacitación a todos los lancheros y los capitanes de estas embarcaciones donde se le daba las indicaciones sobre las precauciones que deben tener al manejar.
Tres mujeres han muerto en dos años en accidentes martimos
El 18 de junio del 2015 murió la menor de 15 años, Manuela López, oriunda de la ciudad de Medellín, en tanto que una compañera suya terminó hospitalizada en la unidad de cuidados intensivos en el Hospital, luego que varias niñas que se encontraban disfrutando del tour de Mantarraya en el cayo Acuario y por lo menos una docena de ellas se alejaron del grupo, fueron sorprendidas de repente por una fuerte corriente, arrastrándolas a mar abierto, lo que ocasionó que una de ellas perdiera la vida inmediatamente y las otras fueron socorridas por una lancha que llegó al lugar y les brindó ayuda ya que pudieron colgarse de la motonave mientras eran llevadas a sitio seguro.
Aunque se trata de un bajo, donde no existe mayor profundidad, no existen en esa zona donde se realiza el tour de la mantarraya, demarcación para evitar la invasión de vehículos náuticos o que eviten que por el oleaje, los bañistas terminen en mar abierto como ocurrió con esta quinceañera.
A las pocas semanas de ese insuceso, una motonautica arrolló a un turista argentino frente al sector de Tres Casitas, mientras careteaba. La persona afectada fue identificada como Juan Molina de 56 años de edad, turista de nacionalidad argentina, quien permaneció varias semanas en estado crítico, dada la gravedad de los hechos. Una semana antes dos turistas que montaban una motonáutica y se adentraron desde San Andrés con rumbo a Johnie Cay quedaron a la deriva cuando se les volteó la moto náutica y debieron ser rescatados.
Luego en horas de la mañana del domingo 23 de agosto de 2015 una embarcación repleta de turistas colisionó contra el Pontón ‘Tropical Party’, donde lamentablemente falleció una mujer, que se encontraba en estado de embarazo, y ocho personas más resultaron heridas, cuando ambos se dirigían al cayo Acuario a disfrutar de la calidez y la belleza del paisaje marino sanandresano.
Las dos embarcaciones siniestradas fueron remolcadas hasta la estación de Guardacostas “Samuel May Corpus” y la Capitanía de Puerto de San Andrés ordenó la apertura de una investigación sobre dicho siniestro. Al parecer los hechos se precipitaron debido a que por la lentitud de este tipo de embarcaciones para su navegación, no alcanzó a girar a tiempo, y la parte trasera de la lancha golpeó a la mujer, quien por el fuerte impacto murió de inmediato.
El relato de la turista Omaria Basco, de Pereira dejó claro el grado de imprudencia del conductor de la lancha: …el conductor de la lancha venia en una velocidad impresionante, varias personas le gritábamos, que por favor le mermara, que porque tanta velocidad, pero él no paraba bolas, un señor cogió un niño en los brazos se paró y le gritaba señor por Dios, bájele a la velocidad, pero éste no le prestó atención, en mi vida había visto que chocaran dos barcos en un mar tan ancho, fue tanta la velocidad que el señor no pudo como esquivar al otro barco….”
En septiembre del 2016 una lancha con más de 30 pasajeros que venía de Johnie Cay hacia San Andrés, se inundó de agua y naufragó porque su tripulación no encendió a tiempo la bomba, debido a que el oleaje estaba ingresando a la nave y el capitán trató de maniobrar en reversa para sortear la situación pero finalmente terminó volcándose y los pasajeros debieron evacuar. Mujeres, niños y adultos fueron rescatados en motos náuticas por operarios que tienen sus alquiladeros en la playa y se percataron de la situación. No hubo víctimas.
El caso más reciente y de gran impacto social fue el de la joven Ángela Maestre Ramírez de 34 años de edad que falleció al ser arrollada por una lancha en el sector conocido como White Watta (wáter), un bajo en medio del mar, en la bahía, por donde transitan todo tipo de embarcación y carece de señalización y demarcación, lo que facilitó la ocurrencia del accidente, además de la hora en que se presentaron los hechos cuando ya empezaba a caer la oscuridad. El episodio conmociona a la sociedad sanandresana, debido a lo trágico de los hechos, la procedencia social de los protagonistas y a que era una celebración de un cumpleaños en la que participaban distinguidas personas de la isla.
Pero en este momento otra mujer se debate entre la vida y la muerte y es atendida en el hospital Clarence Newball de San Andrés, tras ser traída en lancha de la Armada Nacional en la madrugada del pasado domingo, luego que en la tarde del sábado una lancha de pesca artesanal la arrollara mientras nadaba en inmediaciones de la cabeza de Morgan, y sufrir un trauma craneoencefálico moderado.
Si las medidas que se anunciaron por parte de las autoridades, al día siguiente de esta tragedia, no resultan eficaces y definitivas, cada cuanto seguiremos presenciando episodios iguales que seguirán cobrando vidas. Amanecerá y veremos.















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