El pasado 7 y 8 de mayo se corrió por primera vez en Colombia una prueba de resistencia extrema en territorio Wayúu, en La Guajira, denominada The Desert Marathon.
Una carrera que llevó al límite la resistencia de los atletas que se atrevieron a participar, toda vez que se realizó en el desierto con temperatura que alcanzó los 49° centígrados, que sumados a lo agreste, enorme e inhóspito del recorrido, se convirtió en una experiencia nueva para los casi 40 atletas aventureros que se presentaron al sitio de largada cargando casi 7 kilos en sus camelback con el agua, los elementos de primeros auxilios, la alimentación y un sinnúmero de elementos obligatorios para la supervivencia en el desierto.
Wilmar Vargas, triathleta senior master de la liga sanandresana, fue el único representante de la Isla de San Andrés y el caribe colombiano que tomó la partida en la ultramarathon el día sábado; competencia que contó con trailrunners de Inglaterra, Francia, México y Colombia. El evento, cumplido en dos etapas, finalizó el domingo con tiempo acumulado para Vargas de 10 horas 16 minutos 26 segundos y 3.4 kilos menos de peso corporal.
Más que una carrera The Desert Marathon es una gran aventura por uno de los territorios más inhóspitos de la geografía colombiana. Una carrera diseñada para corredores diferentes, que gustan de las emociones fuertes y disfrutan corriendo en lugares con paisajes increibles. Fue una competencia en el desierto, entre planicies sin fin, salares de arenas muy finas y blandas, cactus amenazantes, dunas, acantilados, colinas rocosas, sol calcinante y playas aisladas; conociendo el modo de vivir de los wayúu en sus rancherías.
Vargas manifestó a Archipiélago Press que su mayor alegría fue cruzar la meta ondeando la bandera de la Isla, estandarte que lo acompaña siempre en sus competencias dentro y fuera del país. Igualmente reveló que los momentos más duros fueron cuando acudieron al llamado de uno de los trailrunner que sufrió un accidente grave en terreno rocoso, e impotentes tuvieron que esperar pacientemente la llegada de la ambulancia en medio del desierto; cuando estuvo perdido casi tres horas en la oscuridad del desierto, hasta que por fin pudo encontrar un punto de referencia para reorientarse, y los últimos cinco o cuatro kilómetros cuando tuvo que tasar el consumo de la hidratación que se le acabó faltándole unos 1.500 metros para la meta.
Preguntado acerca de la organización de la carrera señaló que le gustó bastante el montaje logístico y de seguridad del organizador Oscar Trail Runners Club, que incluyó el transporte ida y regreso de Riohacha al Cabo de la Vela, hospedaje y alimentación en rancherías wayúu.
Lo aprendido del trail running, la convivencia por cuatro días con los wayúu y que le encantaría regresar el próximo año acompañado de otros corredores isleños.
The Desert Marathon además fue un evento deportivo cargado de solidaridad con la etnia wayúu, toda vez que llevó a diversas rancherías mercados y agua potable, donados por cada uno de los participantes y los patrocinadores oficiales de la carrera.


















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