
El reloj avanzaba con normalidad aquella mañana del 26 de mayo de 2026. La vía entre Cúcuta y Pamplona parecía una más de las tantas carreteras que recorren a diario los uniformados de la Policía Nacional. Pero en cuestión de segundos, todo cambió.
A la altura del peaje de Pamplonita, el silencio fue destrozado por una explosión ensordecedora.
La carga explosiva, instalada a un costado de la carretera, fue activada justo cuando pasaba una patrulla policial. La onda expansiva levantó tierra, piedras y metal. El vehículo salió violentamente de la vía y terminó volcado. El atentado estaba consumado.
Dentro de la camioneta viajaban la patrullera Karen Liceth Estrada Salazar, el subintendente Edwin Guerrero Duarte y el intendente Johan Vásquez Castro.
Lo que ocurrió en esos segundos de terror quedó grabado en la memoria de quienes sobrevivieron.
Mientras el vehículo era sacudido por la fuerza de la explosión, Karen reaccionó sin pensar en sí misma. Su instinto no fue buscar refugio. Su preocupación estuvo puesta en quienes compartían la patrulla con ella. En medio del caos, cuando el humo cubría la escena y el peligro seguía latente, la uniformada actuó con una valentía que hoy es reconocida por sus compañeros.
La carretera se convirtió en un escenario de angustia. El vehículo destruido, los vidrios esparcidos sobre el asfalto y el eco de la detonación evidenciaban la magnitud del ataque.
Sin embargo, la muerte no logró imponerse.
Heridos, golpeados y aturdidos, los tres policías lograron sobrevivir. Minutos después fueron auxiliados y trasladados de urgencia a la Clínica Medical Duarte de Cúcuta, donde recibieron atención médica especializada.
Detrás de los uniformes había seres humanos. Familias enteras aguardaban noticias. Padres, hijos, hermanos y amigos esperaban una llamada que confirmara que seguían con vida. Lahistoria de Karen Liceth Estrada Salazar no es solamente la de una patrullera herida en un atentado. Es la historia de una mujer que, en el momento más crítico, eligió cumplir su deber hasta las últimas consecuencias.
En una región golpeada por la violencia, donde el sonido de las explosiones busca sembrar miedo, su nombre emerge como símbolo de coraje.Porque mientras otros corrían para salvarse, ella pensó en proteger a los suyos.Y aunque las cicatrices físicas tardarán en sanar, el acto de valor demostrado aquella mañana en Pamplonita ya quedó escrito en la memoria de quienes conocen la verdadera dimensión del servicio y el sacrificio.
A veces los héroes no aparecen en las películas ni buscan reconocimiento.A veces recorren las carreteras de Colombia en una patrulla policial.Y aquel 26 de mayo, una de ellas se llamó Karen Liceth Estrada Salazar

















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