El otrora remanso de paz que algún día con orgullo fue San Andrés parece haber quedado definitivamente en un pasado remoto de los años 80.
Hoy día parece un territorio sin Dios ni Ley, donde las armas de los hombres imponen el orden a punta de balas y deciden quien vive y quien no.
Y esta semana no ha sido la excepción de ese nuevo orden al que las autoridades parecen incompetentes para controlar y retomar el verdadero control institucional: lña ley de la selva se impone.
Entre jueves y sábado se han presentado tres homicidios, incluida una balacera en la playa principal de El Isleño, en presencia de turistas y bajistas que afortunadamente no sufrieron herida alguna.
Luego el viernes 5 de diciembre se produjo el homicidio de un hombre de poca edad en el barrio San Luis, el cual fue identificado como Juan Carlos Coronel, quien fue ultimado a tiros en un pequeño bosque del sector.
Este sabado de nuevo la muerte tocó las puertas de un hogar isleño de manos de pistoleros que actuan a sus anchas en un frenesi sangriento e intolerante, asesinando en el barrio el Cocal a otro joven; en este caso la víctima fue un adolescente de nombre Juan David, conocido como el Chino.
Y la estela de muerte parece no parar ahi, por la sed de venganza de los protagonistas de esta orgua de sangre que las autoridades parecen no querer detener para que opere una especie de control sumario del delito.
Mientras tanto muchas madres seguirán llorando a las puertas de los hospitales o cementerios por la nefasta suerte que corrieron sus seres queridos a los que lamentablemente nunca pusieron control a tiempo.

















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