El resultado no solo de quedar eliminado de un mundial.

Matemáticamente caben posibilidades aún, pero es ridículo que el entrenador siga o continúe engañando al país con ilusiones que están lejanas de la realidad. Mientras el verdadero flagelo de esta selección, consiste en que los jugadores no poseen la más mínima voluntad de salir a ganar. Después de finalizada la doble fecha de enero, en la que Colombia no sumó un solo punto de los seis en disputa, el panorama es cada vez más incierto y oscuro. Solo un milagro le serviría a la Tricolor para poder desplazarse a tierras árabes. Sin duda alguna uno de los responsables es el técnico Reinaldo Rueda, quien tras la derrota de anoche, da una explicación bastante ingenua al salir a decir que existen todavía posibilidades de clasificar, si, no se equivoca. Lo que viene aconteciendo es que un equipo tibio y sin jerarquía, logré hacer algo al final. Desde la tacañería de Jesurum en pretender que la solución está en contratar técnicos nacionales, sacar a Pékerman, poner transitoriamente a Reyes, para luego hacerle caso a los jugadores de echar a Queiroz. Complementan toda una cadena de errores que tiene a Colombia por fuera de Catar 2022. Un auténtico desastre orquestado desde la dirigencia de nuestro balompié, se suma también a los tiempos difíciles que afrontamos no solo como equipo de fútbol, si no como nación, la peor selección de la historia, el peor técnico de la historia, la peor administración federativa de la historia, ni hablar del recrudecimiento de un sin número de calamidades que han azotado al país. Hay que ser un canalla para llorar por la eliminación de la selección Colombia, asesinatos y muertes a la orden del día terminan por enlodar el duro presente, cómo alguna vez mencionó Francisco Maturana; «La Selección es el reflejo del país».
Existen colegas de la capital que mantienen fuentes en la intimidad del plantel. El pasado 13 de noviembre del 2020 cuando la Selección jugó contra Uruguay en el Metropolitano, los números respaldaban al entonces entrenador Carlos Queiroz. No obstante había un malestar general dentro del grupo, según Carlos Antonio Velez la causa del descontento se debía a qué el Portugués ponía a trabajar duro a los jugadores que llegaban de Europa. Esto último fue el detonante para que se desencadenara una rebelión dentro del camerino, los resultados fueron nefastos ante los Charrúas 3-0 y en Quinto ante Ecuador un lapidario 6-1. La camorra liderada por el clan de James y sus aliados dieron punto final a era Quiroz.
Los rumores se hacían públicos, la propaganda corría por las redes y en un amplio sector del periodismo, la buena nueva hablaba de una pelea en el vestuario del equipo nacional, que James y Muriel, que Lerma también se vió involucrado. El hecho se transformó en el auténtico plan de la Federación, en el que Queiroz no formaba parte, sino el verdadero salvador de toda la tragedia fútbolistica era un un señor nacido en el Valle del Cauca, renunció a su contrato en Chile para pescar en rio revuelto. Su primer hallazgo, borrar a James, su pésimo nivel en el Everton lo llevó al Al Rayyan de Catar. Añadiendo su tóxico liderazgo junto a sus problemas de indisciplina, esa perversidad que conllevó a relegarlo del grupo.
No llamar a James funcionó, por consiguiente Colombia tuvo una decorosa Copa América alzándose con el tercer puesto, en eliminatoria parecía que resurgía y que la Selección se reencontraba con el buen fútbol. Pero Rueda terminó cediendo a los intereses nocivos de una parte del periodismo que pedía de vuelta al cucuteño en la Tricolor, los números no acompañaron el regreso del diez en la Selección, cómo resultado, no es solo el hecho de quedar eliminado, si no el fin de una generación.
Jugadores que ya cumplieron su ciclo, no son más que el reflejo de la desidia, la falta de compromiso, la pereza, la indolencia, llenar sus bolsillos sin importarles el periodismo ni la afición, esa es la maldición que persigue a la selección. Acá no existe brujería, los que verdaderamente componen el equipo son una parranda de vagos que no quieren quieren trabajar, que no tienen sentido de compromiso con esta tierra que los parió, en realidad son unos pecho fríos. Ya sacaron a Queiroz, ahora van por Rueda.
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