LA IMPONENTE CEIBA DE SAN ANDRÉS QUE DESAFÍA EL OLVIDO Esta ceiba, probablemente el árbol más grande de San Andrés, permanece en gran medida ignorada y olvidada. Su tamaño imponente contrasta con la falta de reconocimiento que recibe de la comunidad, transeúntes e institucionalidad. Ha pasado tan desapercibida que, en un breve sondeo, los isleños no logran atinar o recordar su ubicación exacta. La historia de este coloso insular está envuelta en misterio: nadie puede precisar su edad con certeza, aunque sí se especula bastante sobre su longevidad. Algunos estiman que podría tener más de 100 años, pero una noble dama de la comunidad, de apellido Pomare, con 70 años de residencia en el sector, afirma que no supera los 50. Coralina y la Reserva de Biosfera Seaflower también sorprendida, sugiere que podría ser necesario recurrir a un biólogo para determinar su edad exacta, aunque esta investigación no está incluida en los trabajos preventivos de la entidad. Tampoco de los Bombero San Andres quienes no han acudido a ramajearlo. Esta hermosa ceiba gigante se erige como un prodigio de la naturaleza, un monumento vivo cuya magnificencia desafía nuestra indiferencia. Su crecimiento exponencial es un testimonio de la resiliencia y la majestuosidad de la vida natural. Sin embargo, su esplendor sigue siendo visible solo para aquellos que realmente valoran y aprecian la belleza del mundo natural. Este árbol, al que todos deberíamos abrazar, nos recuerda la importancia de observar y proteger estos gigantes silenciosos que, aunque ignorados, son pilares vitales de nuestro ecosistema. Texto Ethel Bent Castro Edición: Hermanos Ariza Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible Publicado en La Mala Hierba
Posted by The Archipielago Press on Wednesday, August 28, 2024
Esta ceiba, probablemente el árbol más grande de San Andrés, permanece en gran medida ignorada y olvidada. Su tamaño imponente contrasta con la falta de reconocimiento que recibe de la comunidad, transeúntes e institucionalidad.
Ha pasado tan desapercibida que, en un breve sondeo, los isleños no logran atinar o recordar su ubicación exacta.
La historia de este coloso insular está envuelta en misterio: nadie puede precisar su edad con certeza, aunque sí se especula bastante sobre su longevidad. Algunos estiman que podría tener más de 100 años, pero una noble dama de la comunidad, de apellido Pomare, con 70 años de residencia en el sector, afirma que no supera los 50.
Coralina y la Reserva de Biosfera Seaflower también sorprendida, sugiere que podría ser necesario recurrir a un biólogo para determinar su edad exacta, aunque esta investigación no está incluida en los trabajos preventivos de la entidad. Tampoco de los Bombero San Andres quienes no han acudido a ramajearlo.
Esta hermosa ceiba gigante se erige como un prodigio de la naturaleza, un monumento vivo cuya magnificencia desafía nuestra indiferencia.
Su crecimiento exponencial es un testimonio de la resiliencia y la majestuosidad de la vida natural. Sin embargo, su esplendor sigue siendo visible solo para aquellos que realmente valoran y aprecian la belleza del mundo natural.
Este árbol, al que todos deberíamos abrazar, nos recuerda la importancia de observar y proteger estos gigantes silenciosos que, aunque ignorados, son pilares vitales de nuestro ecosistema.
Texto Ethel Bent Castro
Edición: Hermanos Ariza
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible
Publicado en La Mala Hierba

















Por