
Es triste ver a un presidente denigrar de su propio país. No del presidente anterior, no de los gobiernos anteriores y lo que ellos hicieron, sino del país en general, de lo que Colombia ha alcanzado y ha logrado con significativos esfuerzos.
No pensamos que un presidente esté obligado a tener una opinión favorable de las cosas como están. Todos sabemos qué hay mucho por mejorar. Lo que nos produce una profunda desazón es esa necesidad que manifiesta el gobernante de pregonar, de manera sistemática, un mensaje negativo con respecto a lo que somos.
El fin de semana tuvimos una tanda de mensajes del presidente Gustavo Petro en ese tono pesimista trágico. El viernes sacó del cubilete los resultados de unas pruebas de 2018 para decir: “Somos el último lugar en la OCDE en comprensión de lectura según las pruebas PISA”.
El presidente reenvió a sus seis millones de seguidores una tabla construida por algún tuitero pero no se dio a la tarea de leer el informe. Tal vez si lo hubiera leído habría encontrado que Colombia no es la última en comprensión de lectura; que la propia OCDE concluye que “el rendimiento medio (de Colombia) mejoró en todas las materias desde 2006” y sobre todo le faltó valorar al Presidente que en ese ranquin nos estamos comparando con los países más top del mundo.
El sábado también estuvo en modo trino trágico: “En los sistemas de salud del mundo quedamos en el puesto 74; a usted le dijeron que estábamos entre los primeros”, le respondió el presidente Petro a quien hasta hace un mes fue uno de sus ministros de mostrar, Alejandro Gaviria.
El trino del presidente tenía un error enorme de interpretación, porque en el informe que él mismo compartió se leía claramente que el sistema de salud de Colombia estaba en el puesto 35 en el mundo. El exministro Gaviria le hizo caer en cuenta del error y Petro en vez de reconocer su equivocación decidió borrar el trino y buscó otro estudio que se acomodara a su necesidad de hablar en contra del sistema de salud: “Efectivamente me equivoqué, el puesto de Colombia en salud no es 74, es 81, de acuerdo a la revista científica The Lancet”.
Mientras el primer trino, el que pone al sistema de salud de Colombia en el puesto 35 en el mundo es de 2023, el que pone a Colombia en el puesto 81 es de 2016. El presidente Petro prefirió borrar el informe más reciente y que deja mejor parado al sistema de salud de Colombia, y mantener el estudio que es más viejo y hace ver peor al país.
Pero no solo eso, Petro otra vez se dejó llevar por una lectura superficial y le llovieron explicaciones de expertos. Uno de ellos le decía: “La misma publicación demuestra que 1) estamos por encima del promedio de la región, 2) que entre 1990 y 2016, el progreso ha sido el más acelerado de la región”.
Esa costumbre de latigar con trinos al país no es nueva. El otro día, el presidente Petro publicó unas fotos de un hospital en pésimas condiciones y escribió: “Este es el estado de los hospitales en los municipios excluidos de Antioquia. Pero nos quieren convencer que tenemos el mejor sistema del mundo”. El trino lo tuvo que quitar cuando le explicaron que las fotos eran de hospitales de Venezuela y no de Antioquia.
¿Qué necesidad tiene el presidente de bajarle el ánimo y la autoestima al país?, ¿por qué lo hace? Por momentos parece que creyera que para que a su gobierno le vaya bien tiene que crear una narrativa catastrófica de Colombia, aun cuando esa narrativa no esté soportada en realidades, cifras o datos. O también puede ser que se trate de un rasgo de la personalidad de Petro, en razón del cual solo se siente cómodo en la crítica y en culpar a otros de esas fallas.
Vamos a completar ya ocho meses del gobierno de Petro y en esos dos frentes, salud y educación, es poco lo que se ha avanzado. Parece que estuviéramos retrocediendo. En salud, por ejemplo, hay una crisis en el abastecimiento de medicamentos que el Gobierno tiene pendiente de solucionar. Y en educación, hace un mes, el presidente sacó al ministro Alejandro Gaviria porque no le pareció bien que expresara sus argumentos de descontento.
Es, sin duda, una manera peculiar de liderazgo. Cada presidente tiene derecho a ejercer su mando como mejor le parezca. Pero sí cabe una petición, como dijo el mismo Petro en uno de sus trinos: “Empecemos por dejar de engañar a la gente”
Editorial de El Colombiano. Ilustración de El Espectador















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