Tripulación y Policía Aeroportuaria si anunció la emergencia por pérdida de combustible
A pesar de que la aerolínea Viva Colombia ha negado por todos los medios a través de comunicados de prensa, haber tenido una emergencia por perdida de combustible que y como consecuencia de ello obligado a aterrizar en el aeropuerto de Rionegro, lo cual complicó la situación del avión de Chapecoense que se estrelló contra un cerro inmediato al terminal aéreo, pasajeros de ese vuelo le confirmaron a esta redacción que los pilotos si informaron a todos los pasajeros la ocurrencia de tal emergencia por problemas con el combustible.
Y peor aún, cuando bajaron al aeropuerto, personal de la Policía en el terminal, les dijeron que un avión se había estrellado esperando que el avión en emergencia de Viva Colombia, aterrizara de emergencia, lo que generó más desconcierto entre los viajeros que venían a la isla. Esta redacción supo de un cineasta que venía en el vuelo de Viva Colombia, y tras el aterrizaje en Rionegro y su retorno a Bogotá para salir al día siguiente hacia San Andrés, desistió en volver a tomar el vuelo, impactado por la tragedia del equipo de futbol brasileño.
The Archipiélago Press se contactó con una de los pasajeros, la psicóloga sanandresana Giselle Pedraza Manuel, quien relató el episodio de la emergencia en su vuelo, y cómo luego en el aeropuerto la Policía del terminal aéreo les dijo a los pasajeros que un avión se había caído esperando que aterrizara la nave en la que ellos viajaban, e incluso se les creó una confusión por que se decía que eran los jugadores del Atlético Nacional. La mujer al conocer tales hechos, consideró que lo ocurrido pudo haberles pasado a ellos, y que simplemente fueron unos pasajeros por otros.
El siguiente es el relato que con una impecable ortografía y redacción, nos remitió la profesional al ser consultada por esta redacción:
El vuelo No. FC8170 de Bogotá con destino a la isla de San Andrés, tenía una hora de salida a las 19:50 horas. Todo estuvo como lo planeado, entramos al avión y tuvimos que esperar alrededor de quince minutos mientras le suministraban gasolina al avión, posteriormente despegamos y todo estuvo sin novedad, hasta que aproximadamente a las 21:00 horas el capitán del avión nos informó que teníamos una emergencia y que tendríamos que aterrizar de emergencia en el aeropuerto de Rionegro, por ser éste el más cercano, y que la emergencia estaba relacionada con una fuga de gasolina. En ese momento algunas personas empezaron a rezar y las auxiliares de vuelo intentaron tranquilizarlas. Media hora después el capitán volvió a pronunciarse diciendo que estábamos próximos a aterrizar en el aeropuerto de Río Negro. Aterrizamos pero nos mantuvieron en el avión durante aproximadamente media hora más, durante ese tiempo entraban varios técnicos a la cabina y hablaban entre ellos, hasta que una de las auxiliares de vuelo nos avisó que ese avión no iba a poder movilizarse y que estaba totalmente cancelado, por lo que en 20 minutos aterrizaría un nuevo avión que nos llevaría e vuelta a la ciudad de Bogotá y una vez allí nos darían más información. En ese momento los pasajeros empezaron a protestar diciendo que por qué se les regresaba a Bogotá pudiendo traernos a San Andrés directamente desde Rio Negro, a lo que las auxiliares de vuelo respondieron que la jornada laboral de los tripulantes no podía exceder las 12 horas y que esa tripulación no alcanzaría a ir a San Andrés y volver, por tanto debíamos ir a Bogotá y realizar el vuelo con una nueva tripulación. Ante esto los pasajeros manifestaron que no se regresarían a la ciudad de Bogotá pues habían cancelado un viaje a la isla de San Andrés y era responsabilidad de la aerolínea traerlos hasta la isla. Nos hicieron bajar del avión, después de discutir fuertemente con algunos de los pasajeros debido a la exaltación que estos presentaban y nos ubicaron en la sala de espera número uno. Allí estuvimos alrededor de una hora esperando, mientras otros pasajeros discutían y exigían se resolviera el problema. Posteriormente los encargados de manejar la situación y debido a la exigencia de algunos pasajeros de ser trasladados a la isla desde Rio Negro, se les avisó que podrían ser traídos desde allí pero sólo habían 40 cupos para el próximo vuelo a las 9:00 y otros 40 cupos para el vuelo de las 17:00, por lo que empezaron a recibir el pasa bordo de aquellas personas que se querían quedar en Rio Negro para reprogramarles el vuelo. Mientras tanto las personas que sí nos devolveríamos a Bogotá, esperábamos en sala.
Luego hubo un aviso para que hiciéramos la fila para abordar el nuevo avión y allí esperamos un tiempo más. Posteriormente nos avisaron que volviéramos a la sala y esperáramos allí. Aproximadamente a la 1:00 nos informaron que abordaríamos en la sala número 5, sin embargo allí tuvimos que esperar otro tiempo más, sentados en el piso. La encargada de la situación nos preguntó quienes teníamos maletas en bodega y posteriormente volvió pidiendo las colillas con el número de las maletas. Debido al altercado, tal vez, en un momento se acercaron dos policías y uno de ellos nos avisó que no se nos había podido dar solución pues un avión se había caído en una zona cercana pues se había quedado sin combustible esperando a que nosotros aterrizáramos.
A todos los pasajeros se nos ofreció alimentación, transporte y hotel, independientemente si decidíamos quedarnos en Rio Negro o devolvernos a Bogotá. Llegamos a Bogotá y nadie nos recibió así que por un momento creímos que nos dejarían a nuestra suerte, así que preguntamos en el punto de información y nos dijeron que teníamos que arreglar directamente con la aerolínea, nos dirigimos entonces al módulo de Viva Colombia en el segundo piso y allí nos cambiaron el vuelo para las 9:00 horas del 29 de noviembre, nos recogieron unos vehículos y nos trasladaron al hotel Wyndham Bogotá Art.
Al llegar allí nos asignaron habitaciones dependiendo del grupo familiar con el que viajáramos. No se nos dio comida pues argumentaron que al ser las 3:00 era muy tarde, que si deseábamos podíamos pedir Room Service y pagar por ésta.
el 29 de noviembre llegaron dos buses para trasladarnos al aeropuerto, uno a las 6:30 y otro a las 7:30 de la mañana. Yo me fui en el segundo bus con mi sobrino de cinco años y al llegar al aeropuerto, en el módulo de Viva Colombia, tuvimos que registrar nuevamente las maletas, pues al llegar a Bogotá nos las regresaron y tuvimos que llevarlas al hotel. Al registrar las maletas nos dieron prioridad pues estaba próximo a cerrarse el vuelo y posteriormente nos pidieron consultar la sala de abordar en las pantallas del aeropuerto. De ahí en adelante el vuelo y el procedimiento fue completamente normal, sin preferencias ni contratiempos. Llegamos a la isla de San Andrés y nunca se nos mencionó de tiquetes de compensación ni nada por el estilo.
A partir de las 6:00 de la mañana el hotel ofreció desayuno tipo buffet y después de éste nos recogieron los buses anteriormente mencionados. Algunos no se dejaron hablar, estaban disgustados por las consecuencias que ellos tenían que pagar por la supuesta irregularidad de la aerolínea al embarcarnos en un avión defectuoso. Otros, que sí escuchamos lo que el policía tenía para decir, sólo entendimos y seguimos esperando. La verdad aun no asimilábamos del todo la situación y teníamos tantas versiones que no sabíamos en cuál creer, incluso se llegó a decir que las víctimas habían sido jugadores del Atlético Nacional. Otros mencionaban que se cayó por irregularidades del avión pero, insisto, no asimilábamos del todo la gravedad de la situación.
En lo personal, cuando dieron el aviso que presentábamos una fuga de gas, llegué a pensar en que el avión podía explotar en cualquier momento, no lo sé, y pensé inmediatamente en mi familia y cómo hacerles saber de la situación. Y cuando supimos de la muerte de los pasajeros del avión que cayó, me sentí agobiada al pensar que pudimos ser nosotros, y que de una u otra forma fueron unas vidas por otras. La gente usualmente suele atribuir estas situaciones a decisiones de Dios, pero en lo personal no pienso que unas vidas sean más valiosas que otras. Por lo tanto tuve miles de sentimientos encontrados y de verdad envío mis condolencias a todos los familiares y amigos de las víctimas de los 71 pasajeros que fallecieron e incluso de los sobrevivientes, quienes imagino que tendrán grandes secuelas físicas y psicológicas. Familias que están sufriendo el mismo dolor independientemente de la profesión de sus seres queridos.

















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