A mi vaga memoria se vienen recuerdos de niño visitando esa vivienda con alguno de mis padres, sentado en una silla de su balcón principal.
La vía al frente (School House, al lado de llantería La Piragua) era el paso obligado para ir del Centro a Natania, por lo tanto, el paso permanente debió haber generado alguna amistad o familiaridad entre mis padres y los nativos raizales de esa vivienda – a quienes no conozco o recuerdo-, que como todos los de esa época eran amables, hospitalarios y amigables con los foráneos que habían llegado o echado raíces en las islas, y más si había interacción o como los arrieros paisas, en el mismo camino andaban.
Era como todas las casas nativas, frescas y acogedoras.
Por eso creo que esta que en su momento fue una bella casa nativa, con el fondo del risco de El Cliff completa una bella postal de la isla, se ha resistido al paso de los años y de muchas décadas, sin caerse por completo, soportando además del paso del tiempo, el sol, la lluvia, el abandono, la intemperie y por que no, los embate de las fuertes brisas como las de los huracanes Eta y Iota, que no pudieron devastar la deavencijada madera, ni los pilotes de concreto sobre la que se sostiene.
Ella al igual que la arquitectura nativa de las islas se resiste a morir, a desaparecer, a ser reemplazada, pese al desinterés oficial, a la mirada para otro lado de la ciudadanía.
Esta casa sería el gran laboratorio para emprender un proceso de recuperación de la vivienda y arquitectura nativa de las islas, la cual fue elevada a la categoría de Patrimonio Arquitectónico Nacional, en virtud de un proyecto de la parlamentaria Elizabeth Jay Pang Díaz que se convirtió en ley de la República a finales del año pasado y que fue sancionada por el presidente Iván Duque Márquez.



























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