
Las disputas limítrofes ponen en riesgo la conservación de la Gran Seaflower, un área protegida del doble del tamaño de Cuba
DANIELA DÍAZ
Bogotá – 13 OCT 2022 – 15:46 COT
Una isla del archipiélago de San Andrés, que forma parte de la Reserva de la Biosfera de Seaflower.
En el corazón del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina se encuentra un ecosistema de alrededor 180.000 km2 que cuenta con una de las barreras de coral más grandes en el mundo, más de 407 especies de peces y 157 especies de aves. En el año 2000 la UNESCO declaró esta zona como Reserva de la Biosfera, un ecosistema de gran importancia ambiental que tiene como función armonizar la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sostenible de las comunidades a su alrededor. Seaflower es la Reserva de la Biosfera más grande de las cinco de Colombia y tiene un tamaño que duplica el área de Portugal.
Pero este paraíso quedó dividido y su conservación en riesgo por el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en 2012, que resolvió parcialmente la disputa limítrofe entre Colombia y Nicaragua. La CIJ concedió al país centroamericano 75.000 km2 de mar en los que Colombia había ejercido soberanía hasta entonces, incluyendo parte de Seaflower. Esa decisión y los litigios que continúan entre los dos países mantienen en la incertidumbre a las comunidades que históricamente han habitado la zona. También mantienen en vilo la iniciativa Gran Seaflower, un proyecto de conservación que propone ampliar la Reserva a 500,000 km2 como una reserva transfronteriza de seis países (Colombia, Costa Rica, Honduras, Jamaica, Nicaragua y Panamá) que la administrarían con el apoyo de científicos y comunidades locales. Eso impulsaría la conectividad ecológica y articularía los esfuerzos de los países del Caribe suroccidental para proteger los ecosistemas marinos y costeros más representativos de la zona. Para Mateo Córdoba, coordinador de la iniciativa y parte de la Fundación Franz Weber, avanzar en la conservación de ese ecosistema es inaplazable: “La Reserva presenta tres problemas graves: el turismo intensivo, la sobrepesca y otros problemas asociados al cambio climático. El Caribe es una bomba de tiempo, los huracanes y el blanqueamiento de corales son muestra de eso. Por eso es urgente que para solucionarlos se establezca un diálogo y articulado entre los seis países que tienen integrarían la reserva Gran Seaflower. Aquí hay una biodiversidad marina muy valiosa que no puede seguir esperando. En diez años seguramente el Caribe será una piscina de sal si no se toman acciones ya”.
Un pleito histórico
El debate entre Nicaragua y Colombia por los derechos de esta zona se ha extendido por alrededor de un siglo. La primera disputa de la que se tiene registro data de principios del siglo XX. Desde entonces ambos países han acudido a diferentes instancias para solucionar el pleito y hace veinte años el litigio llegó a la Corte de La Haya, donde actualmente cursan dos demandas claves. Una es una querella que instauró Nicaragua en 2013, en la que pide a la Corte que extienda su plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas desde su costa. Sobre la misma se pronunció la CIJ este miércoles, pidiéndo a los dos países preparar sus alegatos legales específicamente sobre esas millas náuticas para presentar en el juicio oral. Se calcula que las audiencias se realicen antes de finalizar el 2022, y que la CIJ decida a finales de 2023. La otra tiene que ver con una demanda que interpuso Nicaragua contra Colombia alegando que el país sudamericano ha incumplido la decisión de 2012. En abril de este año la CIJ aceptó que Colombia ha incumplido, le negó derechos ancestrales de pesca en aguas del país centroamericano a comunidades raizales del archipiélago e instó a los dos países a llegar a un acuerdo bilateral sobre la pesca.
A este pleito se suma una nueva arista: queda menos de un año para que venza el plazo de diez años que tiene Colombia para pedir a la CIJ la revisión de su primer fallo. El canciller colombiano, Álvaro Leyva, dice que Colombia plantea continuar el debate, pidiendo que se examine esa sentencia bajo el argumento de que es un fallo inaplicable, pues las fronteras del país solo se pueden modificar a través de un cambio a la Constitución. Para varios líderes raizales esa postura de choque con Nicaragua no es una idea estratégica; se mantienen en que el diálogo político y la cooperación ambiental entre ambos países tendría mejores resultados y un impacto negativo menor para el ambiente y para los pueblos creoles que son quiénes sufren el rigor de las tensiones diplomáticas.
Esas espinosas relaciones diplomáticas se han complejizado aún más después de las recientes declaraciones de Leyva sobre el Gobierno de Nicaragua: “Colombia ha venido jugando a favor de la vida y la libertad de una gente que no tiene por qué ser atropellada por el señor Ortega en Nicaragua, pero naturalmente acompaño la condena por los hechos que ocurren allá”, afirmó.
Tomado de El País de España.















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