Con un discurso lleno de aplausos, el presidente del Congreso Efraín Cepeda se despidió de la dignidad que ocupó durante los últimos doce meses.
El senador del Partido Conservador centró su discurso en unos duros dardos en contra de Gustavo Petro y su Gobierno al considerar que los últimos meses estuvieron llenos de confrontaciones y disputas sin sentido por iniciativa de la Casa de Nariño.
Cepeda aseguró lo ocurrido en el último año fue bastante atípico porque el poder Ejecutivo intentó usurpar las funciones de la rama judicial y legislativa.
“Esta legislatura ha sido distinta porque nos exigió más que el cumplimiento del deber normativo. Nos obligó a asumir un rol que trasciende la técnica parlamentaria: el de guardianes del orden democrático”, inició Cepeda.
Agregó: “Debatir no es un acto hostil. Cuestionar no es sabotear. Oponerse no es destruir. La política democrática no es la imposición de una voluntad, sino la construcción de acuerdos entre voluntades diversas. Cuando el poder no entiende esto, cae en la tentación de anular al contradictor. Y cuando eso ocurre, ya no estamos ante un gobierno democrático, sino ante una voluntad absolutista”.
Según Cepeda, durante su presidencia del Congreso se tuvo que vivir la manera en que el Gobierno Petro intentó transformar la discrepancia en delito y que fueron testigos sobre “la descalificación sistemática de todo aquel que piensa distinto: se agrede y se insulta. Ya no se discuten ideas, se estigmatizan personas”.
Cepeda aseguró que el clima de polarización en Legislativo no es nuevo, pero que en los últimos meses se incrementó a niveles impensables. “Ese mesianismo político —que lo hemos visto en distintas épocas, bajo diferentes ideologías— siempre termina debilitando la democracia».
El congresista conservador aseguró que los colombianos deben comprender, algo que según él no se comprende en la Casa de Nariño, que debe existir una separación de poderes para que haya una república y que cada rama del poder debe tener una independencia.
“Ningún poder democrático puede pretender convertirse en conciencia moral única, en tribunal de la verdad, en intérprete exclusivo de los intereses populares. Los pueblos son diversos, plurales, contradictorios. El Congreso, con todas sus imperfecciones, es el reflejo más fiel de esa complejidad social”.
















Por