Por Juan Carlos Gutierrez Betancurt*
El comportamiento del desempleo en Colombia entre 2001 y 2025 refleja la interacción de diversos factores macroeconómicos, eventos globales y políticas nacionales que han afectado el mercado laboral en distintas fases.
Inicialmente, el descenso continuo de desempleo de 15,3% en 2001 a cerca de 9% en 2015 se explica por un período de crecimiento económico sostenido, mayor estabilidad macroeconómica y políticas de incentivo al empleo.
Factores como el auge de los precios de las materias primas y avances en seguridad contribuyeron a mayor inversión y dinamismo en sectores intensivos en mano de obra, como construcción y comercio.
Luego, entre 2016 y 2019, el desempleo se mantiene en niveles relativamente bajos (entre 9% y 10%), con fluctuaciones leves relacionadas con la desaceleración del crecimiento económico global y nacional, así como efectos derivados de choques externos en términos de intercambio.
Posteriormente, en 2020 se produce un salto drástico al 22% debido a la crisis generada por la pandemia de COVID-19, que forzó cierres de empresas, restricciones de movilidad y paralización de actividades económicas, especialmente en servicios, turismo y comercio informal, que emplean a gran parte de la población.
Este shock global fue el evento macroeconómico más relevante del periodo, con impacto simultáneo en oferta y demanda laboral.
La fuerte recuperación a 9% en 2025 se debe al efecto rebote tras la reapertura, políticas contracíclicas, incentivos para la contratación, programas de apoyo estatal y la normalización de actividades económicas.
En parte el retorno de la migración interna y externa calificada, junto con la transformación digital de empresas y el crecimiento de nuevos sectores como tecnología y servicios TIC, ha favorecido la creación de empleo formal y la reducción de la tasa de paro.
Según datos del DANE y reportes hasta agosto de 2025, la tasa de desempleo en Colombia se redujo notablemente, de 9,9% en julio de 2024 a 8,8% en julio de 2025, con una disminución general de 1,1 puntos porcentuales en ese periodo.
Sin embargo, en buena medida la disminución de la tasa de desempleo se debe al aumento de: Tasa de informalidad, cuenta propismo al alza y aumento sustancial del empleo militante.
La tasa de ocupación aumentó y la tasa de informalidad laboral en algunas áreas metropolitanas ha creció, lo que sugiere que parte de esta mejora en el empleo se está dando dentro del sector informal y por cuenta propia. En particular, la informalidad (que incluye cuenta propismo informal) se mantuvo elevada y en ciertas ciudades llegó a incrementarse, mientras que en términos nacionales la informalidad disminuyó ligeramente. Colombia es heterogénea. Alta informalidad en las regiones apartadas del centro (donde eligieron a Petro) con informalidad decreciente en el centro (donde no eligieron a Petro). Una paradoja.
La tasa de informalidad laboral en Colombia aún es alta en términos generales y se mantiene con una proporción cercana al 55-58% según datos recientes, pero en algunas regiones puede alcanzar el 70%.
La informalidad incluye a trabajadores no protegidos por la legislación laboral formal y sin acceso al sistema de seguridad social, así como a quienes trabajan por cuenta propia en actividades no reguladas. La informalidad puede facilitar el acceso rápido a ingresos ante la falta de empleo formal, actuando como un amortiguador en crisis económicas, pero genera problemas estructurales importantes.
Uno de los problemas es que la disminución de la tasa de desempleo en el último año se explicar en gran medida porque personas subempleadas o desempleadas acceden a empleos informales o por cuenta propia, lo que da la apariencia de reducción del desempleo pero con menor calidad del empleo. Esta disminución «engañosa» del desempleo se da porque el empleo yinformal y por cuenta propia suele tener bajos salarios (menores a 1 salario mínimo), falta de beneficios laborales y ausencia de protección social, lo que deteriora la calidad de vida y la seguridad económica de los trabajadores.
Este fenómeno que heredará el próximo gobierno a partir de 2026 no es sostenible a largo plazo, ya que afecta negativamente la cobertura y sostenibilidad de la seguridad social. Los trabajadores informales no cotizan al sistema de pensiones ni salud, generando déficits financieros en el sistema público y limitando la capacidad estatal para financiar programas sociales y garantizar protección universal.
Además, la informalidad reduce la productividad y crea competencia desleal para los negocios formales.
Según informes del DANE y análisis de la ANDI en 2025, aproximadamente el 59% de la reducción del desempleo se debe al crecimiento del trabajo por cuenta propia, muchas veces en condiciones informales.
Por ejemplo, en marzo de 2025, de 1,06 millones de nuevos empleos creados, aproximadamente 621.000 fueron de trabajadores por cuenta propia, es decir, 6 de cada 10 nuevos empleos corresponden a esta modalidad, que generalmente es informal.
Además, en abril de 2025, se estimó que el 74% de los nuevos ocupados eran cuenta propistas, lo que refleja un alto peso de esta modalidad en la creación de empleo reciente. Esta dinámica explica en gran medida la reducción de la tasa de desempleo pero con un aumento simultáneo en la tasa de informalidad, alcanzando cerca del 57,7% en marzo de 2025.
Esta situación implica que la baja en el desempleo tiene un componente importante relacionado con el incremento de empleos informales por cuenta propia, lo que plantea retos para la sostenibilidad del empleo formal y la seguridad social.
*Docente en finanzas Eafit.


















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