
La revista británica The Economist, volvió a referirse al presidente Gustavo Petro con un artículo contundente titulado “El terrible presidente de Colombia”.
En este texto, el medio hace una evaluación crítica del gobierno actual, al que califica como un periodo marcado por la frustración, promesas incumplidas y poca capacidad de ejecución tanto en el Congreso como en la administración pública.
Según el analista Julio César Iglesias, The Economist, la publicación de referencia en asuntos globales, pone fin al sueño del presidente de ser un líder mundial.
En su cuenta X, Iglesias enlista los aspectos que resalta The Economist de Gustavo Petro, considerando los siguientes asuntos como lo más doloroso para el gobierno:
El artículo, titulado «El presidente nefasto de Colombia actúa con desesperación», cae como un baldado de agua fría contra un presidente que añora ser un líder mundial.
En un tono -inusualmente- duro, la revista inglesa argumenta que Petro está haciendo lo posible por salvar su legado.
«Han sido unos años frustrantes para Gustavo Petro», comienza The Economist, señalando que su estilo «pendenciero» le ha impedido sacar adelante reformas. Ahora, dice la revista, el presidente «coquetea con cambiar la Constitución».
Aunque reconoce que Colombia necesita reformas, The Economist afirma que los planes de Petro «han sido defectuosos». En lugar de mejorar el sistema de salud (uno de los más eficientes y baratos de la región), buscó destruirlo.
Sobre la reforma laboral, The Economist anota que Petro solo logró aprobarla luego de amenazar con un referendo. Advierte que elevará el costo de contratación hasta en 15%, afectando especialmente a pequeñas empresas y aumentando la informalidad.
La promesa de “Paz Total” está «golpeada», dice la revista. Menciona atentados, asesinatos y desplazamientos recientes. Incluso cita a un líder social de Catatumbo que afirma: “Hicimos muchos sacrificios para que Petro fuera presidente… ahora temo que fueron en vano”.
The Economist concluye con una alerta: Petro propone una Constituyente “radical”, con intenciones “preocupantemente vagas”. Cree que el “pueblo” salvará su legado. Pero con una aprobación del 30% y sin posibilidad de reelección, se le ve más desesperado que visionario.


















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