
Los invasores aseguran que tienen el derecho a usar los terrenos improductivos. En el predio huilense ya hay cuerdas que dividen las porciones de tierra de los nuevos ocupantes, incluso números para identificar los lotes de cada uno.
Las expectativas con la llegada de Gustavo Petro al poder, entre muchos colombianos sin tierra, hicieron que se tomaran de forma literal algunas de sus promesas de campaña y, sin pensarlo dos veces, fueron invadiendo tierras que no les pertenecían, con el argumento de que estas no son de sus dueños, sino de quien las necesita.
Y aunque se ha hablado mucho de lo que está ocurriendo en Cauca, quizás una de las zonas del país en donde esta tendencia de tomar tierra privada está más avanzada es en Neiva, capital del Huila. A unos 20 minutos de esta urbe se llega por carretera pavimentada a la región del Caguán, una pequeña población donde predominan grandes extensiones desocupadas. Uno de estos predios privados de más de 50 hectáreas fue invadido por al menos unas 500 familias, es decir, cerca de 2.000 personas, entre niños, adolescentes, madres cabeza de hogar, ancianos y uno que otro avivato.
La mayoría de los invasores asegura que se siente con el derecho de tomarse este terreno por las promesas que hizo en campaña Gustavo Petro, quien aseguró iba a gobernar para darles un mejor uso a los lotes baldíos y grandes extensiones de tierra desocupadas. “Acá estoy haciendo los huecos para levantar mi rancho”, le respondió a Semana Anyerli Rueda, una de las invasoras del gigantesco terreno.
Para esta mujer, quien asegura ser desplazada de La Dorada (Caldas), este fue el camino que encontró para hacer su sueño realidad: tener una casa propia.
Para esta mujer, quien asegura ser desplazada de La Dorada (Caldas), este fue el camino que encontró para hacer su sueño realidad: tener una casa propia. “Yo necesito, tengo dos niños (8 y 10 años) a quienes debo brindar un techo y necesito mi casa propia, yo no tengo trabajo y me vine para acá porque le escuché a la gente que estaban cogiendo lotes y que se estaban metiendo y yo me metí también a guerrearla; yo no me salgo así me echen la Policía”, dice, mientras rompe con una pica metálica la tierra para clavar los palos que sostendrán su rancho.
En el predio invadido ya hay cuerdas que dividen las porciones de tierra de los nuevos ocupantes. Hay números que sirven para identificar los lotes de cada uno. El de Anyerli es el 328. “Antes de ser presidente (Gustavo Petro), él dijo que había muchos predios haciendo nada, muchas fincas grandes haciendo nada y él dijo que cuando fuera presidente les iba a dar uso a esas tierras, bien sea para cultivar o hacer viviendas y se dio la oportunidad de estar acá”, asegura John Mosquera, quien armó su carpa cerca de la de Anyerli.
Agregó que “al Gobierno le queda fácil negociar con el dueño de las tierras y que nos dé una casa a cada uno, regaladas. Nosotros no somos un país pobre”.















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