La paz que Colombia necesita no se construye negociando con quienes aterrorizan a los colombianos. Se construye recuperando el control del territorio, fortaleciendo la autoridad legítima del Estado y garantizando que la ley se cumpla en cada rincón del país.
Ese es el rumbo que hemos asumido; enfrentar al crimen con toda la capacidad del Estado, dentro de la Constitución y la ley, hasta recuperar la tranquilidad de nuestras familias.
En cuatro años, si Dios lo permite, entregaremos una Colombia distinta: una Colombia donde vivir sin miedo vuelva a ser la normalidad.

















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