Había una vez un hotel con los aires acondicionados fuera de servicio durante una semana. Inconformidad, fastidio, ganas de no volver, mucha crítica dejó durante la semana anterior el tratamiento que recibió un grupo de turistas que debieron sufrir el intenso calor de la isla por la falta de aires acondicionados o de al menos un ventilador en el hotel en donde fueron hospedados. Como si fuera poco las cucarachas les dieron la bienvenida a su morada después de haber sufrido el paso por un aeropuerto en decadencia que no ofrece los servicios con la excelencia que debe tener un destino como San Andrés.
Las empresas que ofrecen el programa de todo incluido que han sido blanco de fuertes críticas y que han tratado de sostenerse después de haber sido el objetivo contra el que se dirigió el exagerado aumento de la tarjeta de turismo, con este mal servicio dan la oportunidad de ser de nuevo objetivo de persecución y de descredito.
El cliente tiene la razón y se debe entregar lo que se ofreció cuando fueron contactados con las agencias de turismo en Bogotá, Medellín o cualquier ciudad. Pero ¿quién puede estar conforme y como va a invitar a otras personas para que tomen sus vacaciones en la isla si se van como quien sale de una zona de guerra, sin que se cumplan las promesas que el vendedor le aseguró? “Nos cobran por todo, esto es un robadero, nos dijeron que nos daban vuelta a la isla como parte del plan pero terminan cobrando 15 mil pesos, igual ocurre con la ida a Johnny Cay, en donde nos cobraron cinco mil por el uso de la playa, por todo cobran y aparte desde que llegamos los aires acondicionados no funcionan y el hotel no da muestras de que quieran solucionar el problema, esto es como para demandar y decirle a la gente que aquí no hay que volver”, dijo un ofendido turista a este medio.
La otra verdad es que entre miles de personas que traen a la isla estas empresas de todo incluido son relativamente pocos quienes protestan por alguna eventualidad, es cierto que son muchos más quienes se van satisfechos con lo recibido pero la ley del comercio impone al empresario que mantenga siempre el ciento por ciento de la satisfacción de la clientela porque los vacíos que se quedan sin cubrir puede ser el comienzo de grandes dudas que terminan por causar pérdidas que pueden ser incalculables.

















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