Por: Felipe Laverde González
A raíz del proyecto de ordenanza presentado a la Asamblea Departamental por la Gobernación del Archipiélago sobre el aumento del valor de la tarjeta de turismo, además de los tres debates por norma que dieron los diputados, se suscitaron manifestaciones por parte de líderes gremiales, empresarios del turismo, entre varios, de oposición a mi sentir con un grado de condescendencia con la administración.
Pero independiente del tema de la tarjeta de turismo, se dio espontáneamente por distintos medios un consenso: “la calidad de los servicios turísticos que se prestan a nuestro visitante son muy deficientes”, “no existe infraestructura turística”, “la atención y facilitación al turista es deplorable”. Y precisamente es en los temas de calidad, diversificación, facilitación, seguridad, oferta cultural, oferta ambiental, donde debemos enfocar la reflexión y el debate.
Bien podemos afirmar, que San Andrés es una isla prototipo de la región Caribe que en relación con los destinos colombianos regionales, ninguno es tan “caribeño”. Este atributo, que constituye una ventaja comparativa se ha venido perdiendo en forma preocupante: los elementos medio ambientales y culturales se han deteriorado casi a un punto de no retorno.
Citemos algunos síntomas: cada día desaparece una casa típica isleña, el sector norte de la isla se ha tornado invivible – basuras en calles y playas, motos, carros, perros -, alta densidad de construcciones y de población, contaminación. De otro lado, la situación de competitividad también es preocupante, la isla está muy por debajo de la media de los destinos caribeños de la región, la oferta de servicios turísticos concebida inicialmente para el mercado doméstico colombiano no ha tenido la transformación requerida para lograr estándares internacionales, salvo contadas excepciones en hotelería y gastronomía.
La “nueva” oferta hotelera que se ha venido generando no reúne las características de una hotelería moderna, concordante con el entorno que responda a las nuevas tendencias de la demanda. Las remodelaciones que se han y están adelantando no constituyen una propuesta para el mercado internacional y en mi concepto tienen una perspectiva muy débil de sostenibilidad financiera y de mercado en el mediano y largo plazo.
La isla no puede soportar las afluencias masivas que se están dando, basadas en ventajas comerciales – leáse: paquetes todo incluido a bajos precios – , se está generando una presión excesiva sobre los recursos naturales, en especial con el agua.
Ahora bien, ¿Sobre qué debatir? Sin pretender abarcar todo el temario, a continuación propongo algunas preguntas e inquietudes, que se deberían abordar:
¿Qué pasó con el Plan Parcial de Ordenamiento Territorial de Spratt Bight? Formulado hace 10 años para ordenar el desarrollo urbano del sector norte donde se concentra las actividades turística y comercial.
¿Qué pasa con las playas de Sound Bay en San Luis, que desaparecieron? Este caso representa una indiferencia y pasividad absolutas por parte de las autoridades administrativas y ambientales territoriales.
¿Qué pasó con el concepto de Posadas Nativas que se degeneró? Propuesta esta, orientada hacia la comunidad raizal, como una opción de negocio a nivel de empresa familiar.
¿Quién y cómo se controla la creciente oferta de alojamiento informal en casas de familia, apartamentos de vivienda, etc.? No solamente se ha desbordado este tipo de alojamiento sino que está teniendo un efecto delicado: la oferta de inmuebles para vivienda se ha reducido.
¿Cómo le facilitamos al turista su ingreso a la isla? ¿Aumentándole el valor de la tarjeta de turismo?
¿Cómo incentivamos la construcción de hoteles de playa y la llegada de cadenas internacionales?
¿Cómo desarrollamos y mejoramos la infraestructura turística: muelles, paseos peatonales, baños públicos, miradores, parques públicos?
¿Cómo insertar la actividad turística de la isla dentro del marco de la Reserva de Biosfera Seaflower? Lo que se ha venido haciendo, precisamente va en contravía de los compromisos que exige el hecho de ostentar tal honor.
Con seguridad, los lectores complementarán esta mínima lista, que debería constituirse en el eje de la reflexión y el debate sobre el futuro del turismo en la isla.
No nos hagamos ilusiones con el millón de turistas anuales.

















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