Batallón por dentro, ciudad por fuera: el desafío de proteger al Presidente en una sede rodeada de edificios y vías públicas plantea el interrogante de si ¿ ésta es vulnerable? máxime luego que un dron expusiera desde el aire el dispositivo de seguridad de De la Espriella?
Por César Pizarro Barcasnegras*
Un video que circuló el pasado 23 de agosto muestra desde el aire la llegada del mandatario, su desplazamiento en vehículos blindados y el despliegue de escoltas dentro del Batallón Paraíso.
El entorno urbano de la sede presidencial abre preguntas sobre el uso de drones en sus alrededores, edificaciones altas, corredores de aproximación y control del perímetro exterior.
El cielo, la carretera y los edificios parecen ventanas de riesgo alrededor de la nueva sede presidencial
El video que circula en redes no demuestra espionaje ni una falla concreta del esquema presidencial. Pero sí plantea una pregunta que las autoridades de seguridad no deberían despachar como una simple anécdota: ¿puede un dispositivo aéreo observar y registrar desde el exterior el desplazamiento del jefe de Estado dentro de una guarnición militar?
El video muestra al presidente Abelardo de la Espriella descendiendo de un helicóptero dentro del complejo militar donde funciona su sede presidencial en Barranquilla. Alrededor del mandatario aparece un nutrido dispositivo de seguridad. Después, el jefe de Estado es conducido hasta una camioneta blindada y escoltado hasta el edificio.
Y durante ese trayecto está expuesto, aunque sea durante un tiempo muy breve, a la observación desde el entorno.
Entonces surge un pregunta: ¿Qué grado de control tiene el Estado sobre el espacio alrededor de una sede presidencial instalada dentro de una guarnición militar?
Porque una cosa es que el Batallón Paraíso sea una instalación militar y otra que, dentro de esa instalación, opere el despacho del jefe de Estado.
La propia información publicada sobre la sede explica que el edificio está dentro de las instalaciones de la Segunda Brigada del Ejército, en un predio de aproximadamente 51 hectáreas, y que fue acondicionado con niveles subterráneos, sistemas de comunicación y videovigilancia y una sala de situaciones para recibir información de inteligencia y hacer seguimiento de operaciones.
Es decir, el lugar fue concebido precisamente bajo criterios reforzados de seguridad. Pero el video del drone cambia completamente el problema
Un perímetro físico puede impedir que una persona entre a una instalación. Pero un dispositivo aéreo no necesita necesariamente atravesar una puerta, saltar una cerca o ingresar físicamente al batallón para observar lo que ocurre en su interior.
La propia Fuerza Aeroespacial Colombiana ha advertido que el uso de drones cerca de unidades militares está restringido por la normatividad vigente.
Y el Ministerio de Defensa reconoce que Colombia está desarrollando un programa nacional de capacidades contra aeronaves no tripuladas. En marzo informó que el llamado “Escudo Nacional Antidrones” se encontraba en fase de estructuración para adquirir sistemas fijos, semifijos, vehiculares, portátiles y otros mecanismos de contramedida.
Por eso, la existencia de una grabación aérea no demuestra por sí sola que alguien haya violado el perímetro militar. Pero sí demuestra algo que merece ser evaluado.
Una arquitectura moderna contra drones puede combinar detección por radiofrecuencia, radar, sensores electroópticos, sistemas acústicos y mecanismos de respuesta. La FAA, por ejemplo, describe precisamente la combinación de radar, RF, sensores electroópticos y acústicos como tecnologías de detección y advierte que detectar un dron no equivale necesariamente a conocer su intención.
Por eso, la pregunta para las autoridades colombianas no debería ser únicamente:
“¿Hay bloqueadores?”. Debería ser mucho más amplia:“¿Existe una capacidad permanente de detección, identificación y respuesta frente a aeronaves no tripuladas en el entorno de la sede presidencial?”
Y, sobre todo: “¿Esa capacidad estaba activa durante el desplazamiento que muestra el video?”. Eso sí puede ser verificado institucionalmente sin revelar públicamente información operacional sensible.
Hay una paradoja en todo esto. La sede presidencial fue instalada precisamente en un batallón militar por razones de seguridad.
Pero ahora una imagen pública permite observar al presidente: desde el helicóptero, su descenso, el esquema de escoltas, sus vehículos blindados, el recorrido exterior y el ingreso al despacho.
La verdadera pregunta de seguridad es: Si una persona no autorizada puede obtener desde el exterior imágenes aéreas suficientemente claras para observar el desplazamiento del presidente y su esquema de protección dentro de una instalación militar, ¿qué capacidad tiene el Estado para detectar esa observación y neutralizar el riesgo cuando corresponda?
Por eso las doctrinas modernas de seguridad frente a drones hablan de defensa en profundidad, no de una única barrera. La proliferación de drones ha convertido la vigilancia aérea en una preocupación creciente incluso para instalaciones militares y gubernamentales.
El Batallón Paraíso no está situado en un territorio aislado.
Las informaciones sobre la sede presidencial señalan que se encuentra cerca del Malecón, zonas residenciales y el área industrial del río Magdalena.
Eso introduce una complejidad que una base militar ubicada en una zona completamente restringida no tendría en la misma magnitud , hay un entorno urbano alrededor. Y en un entorno urbano no todo dispositivo que vuela puede ser tratado automáticamente como hostil. Hay periodistas, empresas, particulares, aeronaves autorizadas y múltiples usos legítimos del espacio aéreo.
Precisamente por eso la seguridad presidencial necesita algo más sofisticado que una simple prohibición. Necesita detección, identificación, evaluación de amenaza y capacidad de respuesta. Y la pregunta concreta es ¿el dispositivo aéreo que captó estas imágenes fue detectado por los sistemas de seguridad de la instalación?
¿Durante el desplazamiento presidencial existía una cobertura específica de protección frente a drones y otros medios de observación aérea?
Las respuestas no tendrían por qué revelar ubicación de sensores, frecuencias, capacidades, tiempos de reacción ni procedimientos tácticos. Bastaría con que las autoridades establezcan si el riesgo fue identificado y si el protocolo correspondiente estaba funcionando.
Por eso la imagen del presidente caminando apenas unos metros desde el helicóptero hasta el edificio produce una paradoja: una fortaleza terrestre puede seguir necesitando una defensa aérea y electrónica acorde con las amenazas del siglo XXI.
Una sede presidencial expuesta a un entorno urbano
Existe además un factor que merece ser examinado por los expertos en seguridad: el entorno urbano inmediato del Batallón Paraíso.
La instalación militar no se encuentra aislada de la ciudad. En sus alrededores existen vías de alto flujo y edificaciones de considerable altura, lo que significa que determinados movimientos de aeronaves y del mandatario pueden ser potencialmente observables desde el espacio público y desde construcciones situadas fuera del perímetro militar.
La propia configuración del entorno hace particularmente importante estudiar la seguridad del área de aterrizaje de la aeronave presidencial. Si desde espacios públicos próximos puede obtenerse visualmente información sobre las operaciones aéreas y, posteriormente, sobre el desplazamiento del mandatario hacia la sede, la protección presidencial debe contemplar no solamente lo que ocurre dentro de las instalaciones, sino también aquello que puede observarse desde fuera de ellas.
Y aquí aparece una pregunta que no debería responderse con especulaciones políticas:
¿Ha sido evaluado integralmente el entorno urbano que rodea al helipuerto y a la sede presidencial como parte del esquema de protección del jefe de Estado?
No se trata solamente de drones. Las edificaciones elevadas del entorno pueden proporcionar, en principio, líneas de observación hacia determinadas zonas de una instalación militar. Eso no significa que desde ellas exista necesariamente una amenaza, ni que alguna persona esté realizando vigilancia. Significa que, desde el punto de vista de la seguridad presidencial, deben ser consideradas dentro de una evaluación integral del entorno.
La protección de un jefe de Estado moderno no puede limitarse a controlar quién atraviesa la puerta de una guarnición. También debe considerar quién puede observar desde el exterior, qué información puede obtenerse visualmente y qué medios tecnológicos pueden utilizarse para ampliar esa observación.
El corredor aéreo también merece una evaluación
Hay otro aspecto que las imágenes hacen inevitable plantear: la aeronave presidencial debe aproximarse y abandonar el área de operaciones siguiendo rutas compatibles con la seguridad aeronáutica y con las condiciones del lugar.
Si esas operaciones se realizan de manera recurrente siguiendo patrones relativamente previsibles, corresponde a los responsables de seguridad determinar si existe algún riesgo asociado a la previsibilidad.
No afirmo que exista una vulnerabilidad concreta ni que los pilotos o responsables de seguridad estén actuando incorrectamente. Eso solamente puede establecerlo una evaluación profesional y reservada de la Presidencia, las Fuerzas Militares y los organismos responsables de la protección presidencial.
Pero precisamente porque el Batallón Paraíso es ahora una sede presidencial, resulta razonable que esa evaluación incluya el espacio aéreo inmediato, las zonas urbanas circundante, lla posibilidad de observación desde edificaciones externas, la presencia y detección de aeronaves no tripuladas, la identificación de patrones de aproximación y salida y la capacidad de respuesta frente a cualquier amenaza aérea o de vigilancia.
Todo ello puede analizarse sin revelar públicamente las capacidades, frecuencias, posiciones de sensores, rutas operacionales o tiempos de reacción del dispositivo de seguridad.
¿Qué mecanismos existen para garantizar que desde el entorno urbano exterior no pueda obtenerse información operacional sensible sobre esos movimientos?
Porque en seguridad presidencial hay una diferencia fundamental entre estar rodeado de escoltas y tener control efectivo del entorno.
*Informe escrito por el periodista con apoyo de análisis de seguidas aérea y militar de las herramientas de Inteligencia Artificial.















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