
La llegada a Colombia de Aída Merlano parece más un nuevo episodio de la instrumentalización política de su caso, que el cumplimiento de órdenes judiciales para comparecer a la Justicia colombiana de la que se fugó.
Todo parece indicar un trueque entre los gobiernos de Caracas y Bogotá para bajar la temperatura al escándalo que agobia al presidente Gustavo Petro por el narco affaire de su hijo Nicolás Petro, puesto al descubierto por la exesposa del diputado del Atlántico, atizando de nuevo el escándalo contra la casa Char que se volverá a disputar su bastión político en Barranquilla a donde el Petrismo quiere entrar con fuerza.
Por eso, este mismo viernes tras la llegada de Aída Merlano a Colombia, deportada y no extraditada y a quien se le permitió una prolongada rueda de prensa en El Dorado, no obstante su condición de fugitiva y condenada, también aparecieron los rastros del manejo político del asunto, ya que no fue un avión de la Policia o alguna agencia judicial de alguno de los países, sino de la poderosa estatal petrolera PDVSA, al servicio de Nicolás Maduro Moros, donde se transportó a la excongresista condenada.

Lo peor del asunto es que dicha aeronave está sancionada por el gobierno de Estados Unidos. Y al parecer es la preferida de Nicolás Maduro para transportar a sus aliados, como ocurrió en su momento con el expresidente boliviano Evo Morales, transportado a Buenos Aires en el mismo avión.
Flight Radar, el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la prensa argentina, muestran que el avión que esta mañana partió de Caracas a Bogotá es el mismo que transportó en su momento a Evo Morales y cuya matrícula se reporta como sancionada por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, segun reveló el periodista Ricardo Ospina en su cuenta de Twitter.
















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