San Andrés Islas, 14 de julio de 2020. En mi calidad de candidato al cargo de director administrativo de la oficina de control de circulación y residencia (OCCRE), me permito compartirles algunos apartes de mi identidad y aclarar información desdibujada del suscrito:
Mi nombre es Osbaldo Madariaga Archbold, oriundo de estas tierras, raizal, hijo de Noris Archbold Pombo y Manuel Madariaga. Siendo mis abuelos maternos, Luisa Pombo Bernard y Lamilis Archbold Hawkins. Mis bisabuelos son: –Maternos- Mister Oswaldo Pombo James, y Miss Ettery Bernard Pomare; -Paternos- Mister Hyram Archbold y Miss Castora Hawkins.
Nací en San Andrés Isla, el 21 de junio de 1990, en el hospital Timothy Britton, ¡NO! En Cartagena. Crecí en el humilde barrio de School House, y realicé todos mis estudios de primaria en el “First Baptist Church” – Colegio de la primera iglesia bautista de la loma-, Inicie mis estudios de bachillerato en el colegio Luis Amigó, continué en el colegio modelo adventista, y finalmente termine mis estudios secundarios en el Colegio Cajasai de esta localidad en el 2006. A la edad de 16 años comencé mis estudios superiores en la Universidad Libre de la Ciudad de Cartagena, para finalmente terminar en la San Buenaventura. Posteriormente realice un postgrado en Ciencias Penales y Criminológica en la Universidad Externado de Colombia. Actualmente curso una especialización en Contratación Estatal en la sede San Andrés de la misma universidad.
Durante mi camino universitario siempre me destaqué por mi sentido de liderazgo. Un reflejo de ello fue mi postulación como representante de la facultad de derecho, y resulté electo; luego me postulé como representante de los estudiantes y también resulté electo; y una vez finalizado mis estudios de pregrado fui elegido como representante de los egresados de la Universidad San Buenaventura de la Ciudad de Cartagena, todo gracias a mi liderazgo natural y capacidad de gestión.
Terminé materias en el año 2012. Para ese entonces, un colectivo de docentes, entre charla y charla, creían firmemente que debía salir de Cartagena. Que mis retos, debían ser mayores, y así termine en la corte suprema de justicia, sala de casación penal. Vivía enamorado de lo publico en el derecho, pero más aun de lo penal.
Mi paso por las altas cortes en general fue un acierto. Me relacioné muy bien y aprendí mucho. El ejercicio fue el siguiente: Te vas a una alta corte, te relacionas y tienes la oportunidad laboral siendo muy joven. El resto depende de ti. Si no, te regresas a casa y emprendes con el litigio. Un abogado nunca está desempleado, sino está en una entidad, se es litigante. Luego de salir de la corte suprema tuve oportunidades laborales, de las cuales creí que ingresar a la rama judicial era la mejor, y fue así como logré ejercer como funcionario de esta durante varios años.
Decidí en otro momento que había aprendido aspectos importantes de la rama judicial, pero quería conocer otras cosas, y así terminé vinculado en la Fiscalía General de la Nación. Regresé a la ciudad donde estudié mi pregrado como asistente de fiscal y luego como fiscal. Ejercí durante un tiempo la labor de capturar y perseguir a quienes violaran la ley. Antes decidía sobre su responsabilidad, ahora buscaría la forma de que la justicia llegara.
Luego de la etapa como servidor público, terminé constituyendo una oficina con colegas de amplia trayectoria atendiendo asuntos a nivel nacional. Alterno la labor del litigio con cualquier posibilidad de vinculación a entidades estatales. Siempre quise estar en lo público. Y así fue como me incorporé al Ministerio de las Tic, en donde aún desempeño la labor de asesor jurídico de la oficina jurídica del Ministerio de las Tecnologías y Comunicaciones.
Conozco algunas ciudades, algunos continentes, algunas tierras, algunos cielos, algunos mares; y todos al llegar con hospitalidad me recibieron. Llegué a nuestra isla, a mi amada tierra, y he percibo la intención de hacerme sentir como un peregrino. Se asume que nadie es profeta en su propia tierra, pero aquí estoy perseverando para alcanzar objetivos importantes en el ejercicio de mis derecho como raizal que soy.
Llego a casa, observo el barrial en frente, hacia abajo, el agua; levanto la mirada, y allí está la casa, fiel reflejo del rostro del niño que fui, y hoy, del adulto que soy. Quiero que sepan que la nueva generación puede y quiere aportar a las soluciones de los problemas que parecieran nunca tener fin gracias a las antiguas formas de elegir que hoy nos tienen aquí. No debe haber miedo alguno ante el cambio. Recíbanme como lo que soy.
Lo sabido es que, nada de raro tiene este espectáculo tan habitual de “Raizal Atacando Raizal”, “raizal atacando isleños”, “isleños contra isleños”, “todos contra todos”. Lapsus de engaños a mi puerta llaman, “mi mente ya cruzó su desierto, ya he soportado mil tormentas y el embate de sus olas. Ya la calma está en mí, no en el mar ni en las olas que produce la mentira y el insulto”.
Algunas cosas dichas se perderán en la lógica, y al escucharlas he puesto nuevo nombre a cada cosa. He aprendido a convivir con la desconfianza no al sistema público, si no a los funcionarios públicos. Nos han fallado demasiadas veces. Xenofobia invisibilizada, las portadas de periódicos, publicaciones en redes sociales…hechos que trastocan nuestras vidas que algunos hemos tenido que aprender a soportar.
Sali de casa en la búsqueda de oportunidades de crecimiento profesional y personal, pero con el sueño que la mayoría de mis coterráneos tenemos de volver un día a servir a nuestra comunidad.
Respecto de los señalamientos de presuntas responsabilidades penales, quiero darles un parte de tranquilidad que no fui mas que un testigo dentro del señalado proceso de los togados y una víctima más de las circunstancias. Mi integridad y honra se mantienen impoluta.
Los asares de la vida me llevaron a confluir nuevamente con esos amigos de la infancia, esos que reflejan que no hay destino cierto. A veces se nace, se crece y se reproduce creyendo que nuestro destino es no ser nadie, y te encuentras con alguien como Jorge Méndez que representa la contradicción de ello. El conocerlo no me hace permeable. Conozco y me relaciono con muchos otros representantes de partidos Políticos y nunca fue óbice para cambiar mi norte, pero en esta oportunidad decidí aspirar a un espacio en el barco que dirige el doctor Everth Hawkins Sjogreen y el Nuevo Comienzo. Barco en el cual confío y sé que llegará a puerto.
Como hijo de padres cristianos, crecí con la observancia de estos principios y valores y el temor a Dios. Actualmente asisto a la Iglesia Misión Cristiana de la Isla de San Andrés. Esta visión de vida me conduce al respeto a absolutamente todos los habitantes del archipiélago. Invito a la unidad y al respeto como pilares de convivencia y sostenibilidad de nuestro territorio insular.
God First.
OSVALDO MANUEL MADARIAGA ARCHBOLD














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