Es una premisa elemental del derecho el principio de la buena fe que tiene rango constitucional en cualquier latitud del planeta, y en debido proceso que nadie se puede reputar culpable hasta tanto no se le demuestre lo contrario y haya sido vencido en un juicio justo.
Por ello resulta injusto sobre todo para una organización empresarial que por un vínculo familiar con personas que puedan estar involucrados en actividades ilegales, se le incluya a toda una multinacional latinoamericana con presencia en numerosos países de la región, que genera empleo, desarrollo económico y tributación a las respectivas naciones o ciudades, en una orden ejecutiva que lo que hace es decretar lentamente su muerte comercial.
Bien lo dice el abogado sanandresano y ex gobernador de las islas Álvaro Archbold Núñez, la OFAC, o Lista Clinton u Orden Ejecutiva 12978, aparece definida como una base de datos, oficialmente llamada “Specially Designated Narcotics Traffickers” o SDNT LIST, (que agrupa a empresas o personas de todo el mundo que para los Estados Unidos de Norteamérica, han tenido nexo con dineros del narcotráfico, han sido narcotraficantes o han estado inmersos en delitos de lavado de activos) es sesgada, imprecisa e inexacta por cuanto encontrarse reportado en la Lista Clinton no quiere decir que necesariamente la persona, natural o jurídica, haya cometido un hecho criminal de narcotráfico o lavado de activos. Y son muchos los casos dentro de los cuales la OFAC ha tenido que excluir de la lista a personas que nunca tuvieron que ver con delitos de blanqueo y/o defraudación al tesoro norteamericano.
Y por ello expertos en la materia la consideran como una lista horrorosa, abominable y arbitraria, producto de un país con la estructura financiera del imperio que impone de manera unilateral medidas confiscatorias, muchas veces sin un proceso que le permita a la persona conocer los cargos por los cuales podría en su momento recibir la imputación. Dicho de otro modo, podría ésta ser inocente pero al mismo tiempo sus bienes y todos sus activos, congelados de manera indefinida. Es una especie de muerte civil en el mundo de los negocios.”
Y es abominable porque la misma lo que hace es estrangular la salud financiera, el Good will comercial y la operatividad de empresas que generan desarrollo a las economías de países que no son tan sólidas como la de Estados Unidos.
Resultaría más sensato que si las directivas, cabezas visibles o representantes de esas empresas u organizaciones señaladas por la OFAC están bajo sospecha de alguna acusación, fueran sometidas a investigaciones judiciales, en un debido proceso, conociendo los cargos y ejerciendo su legítimo derecho a la defensa y a la contradicción de las pruebas, y en caso de ser hallado culpable, condenarlo, y no someter a la quiebra a una empresa que además se lleva por delante a toda una cadena de productividad y de empleo.
Esto porque la Lista Clinton prohíbe que las personas que aparezcan reportadas, ejerzan negociaciones con empresas estadounidenses. De hacerlo en el país de origen de la persona incorporada, esta no incurre en delitos, lo que sí ocurre con las empresas norteamericanas que contraten con ellos.”
Bien lo señala otro abogado de las islas conocedor del tema quien define la situación como la aplicación del ‘Aparato de la muerte’ que es una forma de matar financiera y comercialmente a alguien cuando toca intereses de poderosos como le ocurrió a Diego Murcia al quitarles clientes a los banqueros.
Acaso es esto lo que le están aplicando al a empresario Abdul Waked; un aparato de muerte financiera en virtud de su crecimiento vertiginoso como cadena comercializadora de perfumes y cosmética en América Latina, donde habría podido tocar intereses de poderosos y multimillonarios empresarios con vínculos en Panamá y Estados Unidos y mucha influencia en la Unión Americana? O son justificadas y oportunas tales medidas que ya tienen en dificultades operativas y en riesgo laboral a sus tiendas en todo el continente?
Solo el tiempo dara la razón. El problema es que cuando el tiempo pase, ya podría ser demasiado tarde y lo que hoy día es una marca de gran reconocimiento, nacida en la isla de San Andrés, simplemente podría haber desaparecido por una decisión ejecutiva, que con el solo hecho de estar inmersa en la misma, causa una lenta muerte comercial.














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