Ha muerto uno de los más grandes genios del humor y la caricatura nacido en este lado del mundo; uno que todos los latinoamericanos, y por qué no todos los integrantes de la especie humana que puebla el mundo, lo apreciaban y lo sentía de sus entrañas por uno de sus personajes.
Los latinos, y sobre todo los colombianos, muy Chibchas –Chibchombianos dicen algunos- sentimos que don Roberto Gómez Bolaño, era más nuestro porque todos sus personajes privilegiaron el uso de la CH para identificar sus nombres: Chavo, Chapulin, Chapatin, Chompiras, Chespirito.
Era tan genial Gómez Bolaño que fue un ejecutivo de Televisa, la cadena mexicana que acogió su genialidad, su humor y su obra, quien lo comparo con una especie de Shakespeare chiquito, un Shakespierito, lo que él convirtió en Chespirito.
De sus personajes más entrañables y queridos es el Chavo del 8, un muchacho solitario, sin hogar, sin casa, inocente, habitante de una vecindad de clase media baja, donde se desarrolla la cotidianidad que en cualquier pueblo, cualquier ciudad o cualquier barriada de nuestros países se ven a diario con sus afujías económicas, etc.
El Chavo es una de las producciones televisivas mejor logradas por lo plana y neutra que resulta en espacio y en tiempo, ya que el Chavo y la Vecindad habita en todos nosotros que tenemos algún pedazo de ese personaje y de esa cotidianidad. El Chavo es un espejo de nuestra realidad y sociedad tercermundista.
Bolaños creó su personaje cuando tenía 40 años, y eso fue en la década del 70, y hoy día aún es vigente, no le pasan los años, no envejece, y aunque las series se grabaron durante esa década y unos cuantos años de los 80, parece haber congelada en el tiempo para el disfrute de las generaciones pasadas, las presentes y las futuras. Y es por eso que la disfrutan nuestros padres, nosotros y nuestros hijos, y seguramente los hijos de nuestros hijos, porque no pasa de moda, no pasa de inocente, no pasa de genial. Adiós al Chavito, ese personaje que encarna cualquier muchacho de calle, de barriada, solitario en la vida que en nuestras ciudades abundan en cantidades y al que don Roberto le tributó homenaje creándolo de la forma como lo hizo.














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