Alto costo, desinhibidor sexual femenino y consumo de elites la caracterizan. En febrero de 2013 en la ciudad de Cali se dio la captura de Héctor Mario Urdinola, alias ´Chicho’ y sobrino del extinto capo Iván Urdinola, un hombre que no supera los 30 años de edad y quien era el líder de la mafia productora y distribuidora del 2CB, o ‘TwoCB’, la droga sintética de moda como se conoce en el medio, sobre todo en las discotecas que son frecuentadas por muchísimos adolescentes. Con ello se creía exterminada esa mafia expendedora de drogas sintéticas como la cocaína rosada y el 2CB.
Una fuente extraoficial reveló que esta nueva combinación de droga sintética la aprendió a preparar, de manera artesanal, un ingeniero químico. Se dice que a alias Chicho le ofrecieron comercializar este alucinógeno y le presentaron al ingeniero. Pero Urdinola lo secuestró, lo encerró en un laboratorio clandestino y lo obligó a enseñar a sus hombres de confianza cómo se preparaba la droga y luego lo asesinó.
Con la receta en la mano ya, el delincuente comenzó a manejar el negocio de preparación y distribución de esta droga conocida como cocaína rosada, un estimulante sintético orientado especialmente al mercado femenino y que actúa como un gran desinhibidor sexual. Por eso tiene ese color rosado.
El ‘tu-ci-bi’ está definido como un derivado de la mezcalina, un alucinógeno extraído del peyote (cactus de origen mexicano usado por los indígenas y que produce alucinaciones). Se cree que la fórmula criolla desarrollada por el ingeniero químico en cuestión y heredada por la fuerza por alias Chicho, tendría cocaína refinada, entre otros principios activos.
Actúa estimulando mucho el erotismo, exacerbando la sensualidad y por ello es la más cara. Hace tres años un frasquito podía costar $180.000, hoy está entre $100.000 y $130.000. Fuentes extraoficiales creen que el sitio de mayor consumo de esta nueva síntesis química es entre una élite bogotana. Una revista de circulación nacional, publicó que el 2CB es una droga sintética que consumen conocidas reinas, modelos, actrices, actores y hasta dos políticos. Pero también se cree que hijos de senadores y altos ejecutivos estarían en la red de consumidores de élite. Para adquirirla hay que estar ‘conectado’ con otro consumidor de confianza en el círculo del expendedor.
O tiene que ir apadrinado por otro que ya sea conocido del microtraficante. El expendedor previamente contactado por celular por un cliente pone la cita y recoge al nuevo comprador y a su padrino. Esa modalidad dificulta a las autoridades detectar el microtráfico de estas sustancias.
Por ello, especialistas consideran que las estrategias contra las adicciones a las drogas se deben enfocar es contra la producción y el tráfico y no en el consumo para no caer en otra mezcla nociva: la del ámbito de la salud con las del escenario legal.
La 2-CB (2,5-dimetoxi-4-bromo-feniletilamina) es otra de las drogas de diseño con mayor éxito en la actualidad. Su consumo se está extendiendo con rapidez, sobretodo en Alemania. Comúnmente conocida como Venus, Nexus o 2CB (tucibi por sus siglas en inglés). En el mercado negro se comercializa en cápsulas y pastillas que pueden ser de cualquier forma, tamaño y color. En el mercado negro suele encontrase cortada con anfetamina, fenmetrazina, metilfenidato, etc.
Esta droga se consume por vía oral. Los efectos comienzan entre los 15 y 25 minutos y se prolongan de 2 a 4 horas. Parece ser que cuando llega al cerebro, la 2-CB se fija a los receptores de dopamina, adrenalina y noradrenalina. En dosis altas es un intenso visionario, mientras que en dosis menores es un suave amplificador sensorial. Algunos psicoterapeutas estadounidenses experimentaron brevemente con ella (sola y en combinación con la MDMA), para la terapia de pareja manifestando satisfactorios resultados. “Es como si los descubrimientos mentales y emocionales pudieran ser manipulados, y pudiera hacerse algo con ellos.”
Efectos psicológicos y fisiológicos
Algunos pacientes consultados sobre sus experiencias con 2-CB fueron las siguientes:
(Con 20 mg) “Los efectos de la droga me llegaron en forma de un cambio de colores entre el dorado y los tonos rosados. Los pigmentos de la habitación se intensificaron. Las formas se hicieron más redondas, más orgánicas. Una sensación de ligereza y oleadas de calor comenzaron a navegar por mi cuerpo. Con los párpados cerrados comenzaron a pulsar y flashear luces brillantes. Empecé a percibir olas de energía emanando a través de todos nosotros al unísono.”
“La habitación estaba fría, y durante la primera hora sentí escalofríos. Esa fue la única parte levemente no placentera. Habíamos estado trabajando con cristales ese día temprano, y las visiones que tuve estaban dominadas por patrones prismáticos de luz. Fue casi como si yo me convirtiera en la luz. Vi formas caleidoscópicas – similares pero menos intensas que con LSD – y formas orgánicas como las flores de Georgia O’Keefe, florecientes y ondulantes. Mi cuerpo estaba inundado con orgasmos – prácticamente de solo respirar. Hacer el amor fue fenomenal, apasionado, extático, lírico, animal, amoroso, tierno, sublime. La música era voluptuosa, casi tridimensional. Algunas veces el sonido me parecía distorsionado, como debajo del agua. Especialmente con los discos menos bien grabados, pero podía escoger concentrarme en la belleza de la música o en lo inadecuado de la calidad del sonido, y pude escoger concentrarme en la belleza.” Con información de El País














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