No se puede entender por que razón, si es la construcción la principal actividad socioeconómica que mueve la generación de empleo, de circulante (poder adquisitivo) y por ende la reactivación económica de una región, en el caso de San Andrés y Providencia, la dirigencia politica, sus gobernates y hasta sus propios gremios y profesionales han decidido desde hace ya casi década y media, entregarla a constructores y empresarios foráneos, provocando con ello una masiva fuga de capitales, una nueva oleada migratoria de obreros y profesionales del interior del país, la ausencia del circulante con su consecuente recesión económica, el destierro profesional y fuga de cerebros (arquitectos e ingenieros locales) y obras de muy mala calidad que terminan en elefantes blancos o infraestructura disfuncional y mediocre.
La razón debe ser una de dos: o estamos en presencia de una especie muy estupida o muy corrupta.
La primera por que en su infinita ignorancia de la normatividad contractual revestida de cierto snobismo, supone que el que llega de afuera es mejor que el que está en casa, y de manera cándida le entrega la contratación pública una y otra vez -aun con los protuberantes desaciertos de una y otra vez- esperanzado en que al final ha de entregar una gran obra.
En el segundo, porque, deliberadamente, el único interés es el CVY (Cómo Voy Yo) del politico, gobernante, constructor o empresario, sin importar si de ello la isla se queda sin circulante, los capitales se fugan, las obras inconclusas y con deficiente o mala calidad son disfuncionales o se quedan convertidas en elefantes blancos, si la isla se llena de obreros foráneos, si los arquitectos e igenieros locales y sus obreros se quiebran o quedan cesantes. Al fin de cuentas lo que importa es que a todos los que hacen parte de esta cadena de obras contratadas de esta forma, les quede su gran billetazo.
La primera explicación resulta inverosimil de entender, asi que todo parece indicar que mas que un asunto de estupidez mental de nuestra dirigencia politica y gobernantes , se trata de un asunto de gran viveza de quienes transan presupuesto por obras de papel para quedarse con un gran botín, mientras la isla avanza aceleradamente en su ruina, y los responsables de proveer bienestar no hacen mas que robarle la infraestructura, servicios públicos y sueños de progreso a la población.
Y en la mitad de todo esto, se encuentra AISA, un gremio inutil, cobarde, insulso; gran culpable en buena parte de lo que ha venido ocurriendo en San Andrés con el desastre de la obra pública insular.
Cómplice de todas las corruptelas y de todas las Aremcas que han llegado y que siguen llegando, cada vez más sofisticadas que antes, que ya no solo traen sus ingenieros, arquitectos, obreros, maquinarias y materiales, sino tambien los veedores ciudadanos que les lavarán la cara y sus vicios ocultos de viejas contrataciones, sino tambien sus infiltrados en la administración departamental para que les asegure la contratación publica.
El silencio de AISA durante todo este tiempo de elefantes blancos, obras a medias, de mala calidad, de contratistas y funcionarios encarecelados por la corrupción, otros que han pasado de agache a pesar de los desastres que han dejado, y de desplazamiento de mano de obra local que ha generado fuga de cerebros, de capitales, perdida de circulante y poder adquisitivo y nuevas oleadas migratorias que acrecientan la población, demuestran que AISA ha sido inferior a su responsabilidad social con San Andrés, cuya voz autorizada para advertir tales desastres para las islas y sus gentes, ha hecho falta cuando la discusión y el debate público así lo han exigido para que los gobiernos, los entes de control y la sociedad misma tomaran cartas en el asunto y evitaran tales resultados.
Es hora de las decisiones definitivas en AISA, o se reforma, se acaba o asume la valentia de ejercer un verdadero rol de control social en materia de contratación estatal, protección del recurso humano local, infraestructura pública y conservación del patrimonio arquitectonico regional.
Es hora que quienes tienen sus intereses politicos o economicos ahí, o quienes por cobardía guardan silencio esperando migajas de la contratación o servir de firmon a una empresa foránea, hagan mutis por el foro y abandonen esa organización.
Pero tambien es hora de que AISA sea más creativa, que con sus agremiados se constituya en consorcio para cada proceso contractual que las entidades públicas del Departamento y la Nación abran, a efectos de consolidar un bloque fuerte que haga más competitivo al gremio frente a los constructores foráneos que no solo vienen con más cancha, poder económico, experiencia, veedores, infiltrados, sino tambien padrinos politicos.

















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