Por: Ardis Christopher H.
Las islas no pueden ser objeto de preocupación solamente cuando se habla de “soberanía”. El gobierno nacional, mejor, el Estado colombiano está en la obligación de tener y mantener dentro de sus políticas y planes el desarrollo equilibrado, sostenible de esta región de la Patria. Y la primera consideración debe ser la conservación de la etnia raizal, sus costumbres, cultura y medio ambiente.
El fin del Estado es lograr el bien común. Pero cuando hay discriminación, marginalidad no se puede hablar del bien común. Esta discriminación es política, educativa y de oportunidades.
Nosotros entendemos por el bien común: justicia social, asistencia pública de excelente calidad, servicios públicos eficientes, educación adecuada y coherente, autonomía para construir el futuro con base en nuestra heredad y características socio – étnicas y el respeto a la idiosincrasia regional.
Con excepción de los raizales, a nadie le duele San Andrés y Providencia. Bien y acertadamente dice Sonia Osorio, nuestra gloria del folklore. “En San Andrés la codicia del dinero ha creado un desinterés absoluto hacia todo lo que no sea plata. No existe como en otros lugares el arraigo del ser humano al lugar. Y no existe el amor a la comunidad.
¿Hasta cuándo continuará el abandono de las islas y sus habitantes? , y ¿hasta cuándo soportaremos esta situación?















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