La travesía para ir a Cayo Bolívar comienza en el muelle de Viajes Portofino a un lado del Club Nautico, donde el persona de esa compañía hace la preparación de los 90 turistas diarios que puede llevar en sus dos lanchas provistas de equipos paramédicos, salvavidas, guías turísticos y capitanes y marinos calificados para asegurar que los pasajeros lleguen en perfectas condiciones hasta su destino, luego de 45 minutos de navegación en un paseo bastante húmedo por las aguas marinas que salpican a los pasajeros por el leve golpeteo de la lancha sobre el mar.
Se trata de un turismo bastante controlado por los precios del tour, equivalente a 50 dólares ($ 150.000) per cápita y al nivel del turista que se lleva allá, por lo general visitantes extranjeros (argentinos, brasileños, chilenos, bolivianos, ecuatorianos, etc.) que gozan de gran capacidad adquisitiva y pagan el costo por disfrutar este destino lejano.
Antes de zarpar, funcionarios de la Capitanía del Puerto (Dimar) y la Armada Nacional hacen una verificación de la cantidad de pasajeros y las condiciones de seguridad que cumplen los responsables del transporte hasta ese islote.
Y solo después de los procedimientos de verificación oficial zarpa la lancha hacia Cayo Bolívar, atravesando toda la bahía, el canal navegable y a pocos metros de Haynes y Acuario hasta adentrarse en las profundidades de nuestro archipiélago en un mar que cambia sus tonalidades de azul cielo, verde turquesa, azul profundo para luego ser recibido por un verde esmeralda que exhibe las bellezas del destino al que se ha de llegar.
En buena parte de la travesía y cuando ya ha desaparecido por completo la isla de San Andrés en el horizonte, los pasajeros son acompañados por peces voladores plateados que nadan a ras del mar en la misma dirección a lado y lado de la embarcación y que sobrevuelan antes de hundirse en el mar y causan la sensación de los viajeros que poco han visto estas especies marinas y que se asombran de verlos volar.
El guía turístico que se encarga de animar el recorrido mientras el agua baña a los pasajeros cada que la lancha cae sobre la cresta de las olas, anticipa que a pocas millas de llegada a Isla Bolívar, podrán ver los cardúmenes de delfines que por lo general suelen recibir a
Los delfines ya que estos animales tienen la tendencia de seguir las ondas sonoras y por ende, es muy común verlos acompañando alguna embarcación por el sonido de sus motores.
Esa especie de abrebocas que indica cómo será de emocionante el resto del paseo, es quizás uno de los momentos más fascinantes de hacer el tour a isla Bolívar, por que ver manadas de delfines bebes y adultos saltar a pocos metros de la lancha es algo que desborda de alegría a los turistas y que hasta logra sacar el niño que llevan dentro los más grandes.
Cuando aparecen los delfines es porque ya se logra divisar tierra; a lo lejos la silueta de Cayo Bolívar y una torre de comunicaciones de la base militar que ahí funcionan, y la reaparición del verde turquesa en el agua indican que ya se ha llegado al destino final.
Realmente el tour no es a cayo Bolívar que es la isla principal llena de imponentes palmeras, litoral rocoso, antenas de comunicación y edificaciones militares donde se alojan los integrantes de la Infantería de Marina que hacen la soberanía nacional en ese territorio ultramarino.
El tour se hace en Isla Santander e isla Pescador, una especie de atolón conformado por dos extremos de mayor longitud con vegetación exuberante y de gran follaje, con unas pocas palmeras para guarecerse del impetuoso sol, aguas cálidas, arenas coralinas inmaculadas y una barrera arrecifal en la parte posterior donde recalan tiburones “bobos” o toyitos que resultan tan inofensivos que los bañistas caretean a su alrededor y quienes salen huyendo son los escualos y no los humanos.
A pesar de ser islas totalmente vírgenes, en Isla Pescador se observan unas estructuras en eternit y madera construida por pescadores que se quedan a pernoctar ahí, y producto de ello ya se observan algunas secuelas como basuras acumuladas, no obstante que los avisos de Coralina indican que se deben conservar limpios esos sitios.
Después de los delfines, el de los tiburones es el otro gran espectáculo fascinante que encuentran los bañistas y visitantes que toman el tour de Cayo Bolívar, y ver a los tiburones a pocos metros, amplificados por las caretas bajo el agua resulta bastante majestuoso. Además de las aves migratorias, los erizos, estrellas de mar y otros animalitos terrestres propios del hábitat de estas islas.
El baño de mar en las cálidas aguas, el bronceado con el extasiante sol que deja caer sus rayos ultravioletas de manera perpendicular y abrazante es otra de las buenas experiencias de ese paseo.
Hay personal de la Defensa Civil Colombiana para atender a cualquiera que necesite socorro y para labores de salvavidas. En tanto que el personal de la agencia se encarga de recoger los residuos de latas, envases, empaques o cualquier residuo que se produzca durante la jornada y se encarga de regresarlo a San Andrés para conservar el sitio sin contaminación.
El personal encargado del tour dispone de una nevera repleta de hielo, bebidas ilimitadas como gaseosas, refrescos, agua o cerveza y hacia la una de la tarde llaman a un comedor improvisado donde sirven pescado o pollo según el gusto de los comensales, acompañado de arroz de coco, ensalada y bread fruit; típicos del archipiélago.
A las cuatro de la tarde se da la orden de regreso y todo el personal visitante debe embarcar las naves que los trajeron y antes de las cinco de la tarde, turistas, residentes y marinos ya están de vuelta en San Andrés contando las maravillas de una travesía inolvidable.
















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